El álbum de estampas

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—¡Le doy un centavo de dólar por cada galón que me permita trasportar de ese Puerto a estos depósitos!

Mientras me hacia el desentendido, como si no hubiera escuchado nada comencé a hacer cálculos mentalmente: este tipo tiene cuatro camiones que están halando producto, cada camión transporta 8000 galones o sea 32 000 galones a la semana si hace solamente un viaje y como cada camión hace dos viajes serian 64 000 galones, esto equivale a 64 000 centavos por semana que representan 640 dólares semanales y si lo multiplico por cuatro semanas tendría… entonces… unos 2560 dólares al mes, no está mal por tan solo pedir que sea él quien transporte el producto, también me dijo que tenía otros dos camiones con lo cual bien podría subir a unos tres mil a tres mil quinientos dólares al mes, unos 42 000 dólares al año, eso es un poco más del salario de una persona en los Estados Unidos.  Esta cantidad más mi sueldo me dejaría en una buena posición económica, después podría decidir que la otra empresa se retire de este negocio y quedarme solamente con esta que me ofrece una tajada del pastel y así aumentar más mis ingresos.  Una propuesta muy interesante.  Continué pensando sobre esto mientras el tipo que me hizo la «sugerencia» no decía ninguna palabra, solo esperaba mi respuesta.  Me senté frente a él y subí mis piernas al escritorio, una sonrisa con sarcasmo se dibujaba es sus labios y en los míos una de satisfacción comenzando a contarle una historia que me paso hace muchos años, él puso cara de atención y cuando disponía a sentarse sobre una credenza de mi oficina lo invite a que se quedara de pie para escucharla:

Cursaba el cuarto grado de primaria, esos tiempos obviamente eran diferentes, no existían las computadoras y  mucho menos internet, toda la información que necesitábamos estaba en los libros, ya sea que se compraran o que consultáramos en las bibliotecas, pero existía otro medio, no muy profesional pero si muy didáctico por el cual podríamos procurarnos más información acerca de varios temas de interés en nuestros centros de estudio, los llamábamos «álbumes», le explicare: son unos libros, obviamente con un montón de páginas, pero todas estas hojas estaban llenas de unos cuadros con leyendas debajo de ellos o dentro del cuadro, estas leyendas son la información que describen la imagen que debe de colocarse en los cuadros, ahora me preguntara usted ¿Cómo se llenan esos cuadros?  Estos cuadros se llenaban con unas imágenes que llamábamos estampas, estas las vendían por sobres y cada sobre traía varias, tantos los cuadros del álbum como las estampas estaban numeradas, solamente era de ver que el número de la estampa correspondiera al número del cuadro en el álbum y pegarla con cualquier adhesivo.  La comercialización de las estampas era el negocio y para que fuera más lucrativo dividieron el total de todas las estampas en series, cada serie tenía un determinado número de estampas y durante algún tiempo solamente una serie se comercializaba, no sabíamos cuando terminaba una seria para comenzar la otra, esta noticia salía en una fecha que solamente, según nosotros, sabia la empresa responsable del producto, así que seguíamos comprando y comprando sobres con estampas hasta que ya no salía ninguna nueva, ya todas nos comenzaban a salir repetidas, esa era nuestra señal que la serie había terminado.  Hubo una diversidad de álbumes, muy buenos, con temas sobre ciencias naturales e historia, esos eran los temas principales, luego comenzaron salir de muchos otros temas pero ya nada educativos, salían álbumes con imágenes de personajes de los dibujos animados o de serie de televisión para niños y poco a poco fueron decayendo hasta que dejaron de existir, como todo en la vida.  Pues bien, lo interesante es que para poder llenar el álbum había que comprar muchos sobres de estampas y en ese entonces no contábamos con mucho dinero, apenas el que nuestros padres nos daban para la refacción en nuestros lugares de estudio pero era divertido coleccionarlos, así fue como descubrimos, por esa falta de dinero, que intercambiando las estampas podíamos reducir la fuerte inversión que nos representaba la copra de los famosos sobres y otros niños más astutos, en realidad creo que actuaron así bajo las influencias de persona mayores, vendían las estampas a precios tan altos como el valor de un sobre, este negocio fue creciendo y creciendo y en su cúspide ya eran personas mayores las que comercializaban las estampas, ya no había que comprar sobres, estas personas los compraban y ponían todas las estampas en unos canastos y todos nos colocábamos al alrededor de estos para buscar las estampas que nos hacían falta, ¡Que viva la comercialización!, este negocio llego a tal punto que en las avenidas más comerciales de la ciudad y en los mercados hubo una gran cantidad de personas son sus canastos llenos de estampas para venderlas y cuando se daban cuenta que una estampa salía poco le elevaban el precio de una manera tan elevada que podía llegar a valer mucho más que el álbum así que el que llegaba a llenar uno se le consideraba un tipo bien cabrón o más bien un niño bien cabrón, nos enorgullecía tanto llenarlo porque eran pocos los que lo lograban, muchos se retiraban porque se aburrían, otros porque ya no les daba la bolsa y… bueno por un sin fin de causas.  Lo interesante que le quiero contar es esto, en una ocasión me faltaba tan solo una estampa para llenar el álbum que estaba de moda, sería el primero y tal vez el único que lo haría en mi clase, ya había convencido a mis padres que me dieran más dinero para comprar sobres, pero nada, no salía la famosa estampa hasta que en uno de esos canastos la ubique, la vi y mis ojos comenzaron a brillar, en mi adentro sentía algo inexplicable, una emoción tan grande porque estaba a punto de llenar mi álbum y podría entrar al sorteo de… no recuerdo que sortearían entre los que lográramos llenarlo.

Como verá, mi ansiedad era tremenda, deseaba tanto llenarlo y gritarlo con el pecho hinchado a los cuatro vientos: ¡Soy el niño más cabrón de todos!  Se imagina usted la emoción que sentiría, el orgullo con que pasaría mi álbum por la cara de todos en el colegio, entre los amigos de mi cuadra, creo que pensaba que sería muy famoso por ese logro.

Pero había un problema, ya me había gastado todo el dinero para comprarla, me fui desconsolado a mi casa, me puse algo triste y me frustre mucho cuando vi en la televisión toda la propaganda sobre el sorteo que seria a la siguiente semana, fui a mi cama y me dormí como si nada pero al día siguiente la emoción aumento, la ansiedad también, la adrenalina se disparo totalmente sintiéndome capaz de cualquier cosa por conseguir esa condenada estampa, llegue al canasto donde la vi el día anterior, había mucha gente tratando de encontrar cada quien la o las estampas que les hiciera falta, me metí como pude entre toda esa cantidad de niños y personas mayores que estaban contagiadas con la fiebre de los álbumes, logre llegar hasta el canasto, tome la estampa y teniéndola en mis manos me quede frió, recordé todo lo que hasta ese momento me han dicho mis padres, las cosas que aprendía en el colegio, comencé a sudar, no me sentía bien, tome la decisión inmediata de dejar la estampa en su lugar, no la robe como era mi intención, metí mis manos entre las bolsas de mi pantalón y di unos pasos atrás, me quede parado, di un paso más hacia atrás, un paso largo, sentí que no tenía la cara triste, pero inmediatamente la puse de asustado cuando sentí que una gran mano se poso en mi hombro con gran fuerza, violentamente me volteo hacia él, era un tipo que nunca había visto en mi vida, llamo a la dueña del canasto de estampas, ella salió de entre toda esa gente dejando a alguna otra persona atendiendo el negocio, el tipo le dijo que yo había robado, me obligo a sacar todas las cosas de mis bolsillos y que pusiera las manos frente a ellos no encontrando nada, el tipo se acerco al canasto y dijo que la estampa estaba allí, que no la robe dejándome ir en el acto, corrí hasta mi casa y todo asustado me puse a ver televisión mientras cenaba, sentía algo raro dentro de mí, pero algo bueno, sentía algo así como orgullo de no haber hecho algo incorrecto y que me hubiera costado una gran tunda, miedo tal vez, no sé.

A la mañana siguiente en el desayuno antes de ir a clases mi madre me dijo que le contaron lo que paso en el canasto de estampas y con una voz entre cortada me dijo que se sentía muy feliz y orgullosa de mi actitud dándome un gran abrazo, en ese momento me sentí como muy pocas veces me he sentido.

Así que caballero, como vera tengo bien cimentada la honradez y el valor de mi palabra, diría que es lo más valioso que poseo y que nunca la pondré a prueba porque de nada me serviría si soy una eminencia con muchos doctorados si a la hora de la verdad me vendo por unas monedas o por un gran tesoro así que caballero por favor descargue su ultimo camión y que Dios lo acompañe porque de acá en adelante su contrato moral con migo ha expirado.

 

 

Julio F. Altán García

Créditos: Fotos de la web

 

 

 

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Sonrisas

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Después de un tiempo de haberme alejado de lo amigos motoristas comenzó a llegarme un correo electrónico donde me invitaban a participar a un colazo hacia un cálido lugar en la boca costa.

Por varios descuidos mi motocicleta recién la semana pasada había salido del taller debido a que se tuvo que cambiar prácticamente todas las piezas del motor porque literalmente lo fundí.

Estuve pensando varios días si asistiría o no a dicho colazo, ya ratos que no convivía con todos ellos, recordaba todos los buenos ratos y buenas rutas en que convivimos: las bromas, los tragos, los lugares que visitábamos y debido a estos recuerdos fue que decidí aceptar la invitación que insistentemente me llegaba por el correo electrónico.

Cuando del taller me entregaron la motocicleta tome la carretera hacia occidente y conduje por espacio de unos cuarenta kilómetros de ida y otro tanto de vuelta, todo parecía estar en orden y fue esto lo que termino de decidir  mi participación, lleno de alegría conteste el correo indicando mi asistencia, los pormenores me fueron devueltos por la misma vía así que con entusiasmo  comencé a preparar lo necesario para el viaje.

El destino estaba cerca de la ciudad, a unos sesenta kilómetros aproximadamente, sin embargo el viaje tenía un elemento social y es que hace ya algún tiempo se tenía por costumbre llevar algún tipo de ayuda a las comunidad que visitábamos, ayuda que consistía en víveres o artículos para la educación en alguna escuela de la comunidad y este no sería la excepción: llevaríamos alimentos a un albergue juvenil por lo que me fui al supermercado y tome varias bolsas  para dirigirme a la sección donde estaban los dispensadores de granos y cereales, comencé a llenar bolsas con arroz, avena, frijol y otras cosas más, las lleve a la motocicleta, llene las alforjas y me fui directamente al punto de reunión.

Llegue y quiera reconocerlo o no me sentía inquieto, seria porque volvería mi ser aventurero que ya hace algún tiempo lo tenía retraído y esperaba salir a flote nuevamente. Salude a todos los amigos a los cuales hace ya algún tiempo no veía. Los saludos fueron fuertes abrazos, fuertes estrechones de mano y palabras de bienvenida, claro, todo según nuestro trato de motoristas.

No llegamos muchas motocicletas, veinte aproximadamente, talvez se debía a que el colazo se realizaba día sábado, sin embargo en Escuintla nos esperarían otras cinco motos de otro moto club llamado “Tiburones del asfalto”.   Luego del respectivo saludo nos dirigimos a un restaurante de comida rápida, pero esa comida no es mucho de nuestro agrado por lo que algunos de los amigos más rebeldes dispusimos a ir a otro lado, no hubo enojos pero si alguna sorpresa de alguien.  Lo importante es que luego de los alimentos nos volvimos a juntar para llegar a un albergue de niños y jóvenes en riesgo.

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Llegamos al albergue juvenil que ansiosamente nos esperaban, queda en una angosta calle donde tendríamos que dejar parqueadas las motos y dejar el suficiente espacio para que vehículos de cuatro ruedas pasaran sin ningún problema, el calor era sofocante, ya ratos que no lo sentía, desde que deje de viajar a… bueno, eso ya no importa, pero rápidamente mi cuerpo se volvió a acostumbrar al calor de la costa, bajamos todos los víveres y los entramos al hogar. Niños de cuatro y cinco años, jóvenes ya de unos catorce años comprendían esa comunidad de niños y jóvenes, muy educados, cuando entramos todos estaban sentados en el suelo, nos aplaudieron y cantaron la hurra del hogar, gritos acompañados de emoción y consignas dichas a una sola voz, se notaba que la disciplina es un factor muy tomado en cuenta, algo que debe de ser así, pues, sin disciplina muy raramente lograremos nuestros sueños, una chica, supongo que la encargada se dio a la tarea de dar palabras de agradecimiento y de parte del club también se dieron las palabras de entrega. Todo transcurría muy bien hasta que comenzaron las dinámicas con los niños,  juegos para estuvieran un rato entretenidos para luego pasar a lo que ellos más deseaban: su colazo en la moto.

 Este hogar se sostiene básicamente de donaciones y lo fundamental es la alimentación y la educación de todos ellos, muchos no son huérfanos sino que viven con sus padres en condiciones muy precarias, algunos otros viven con algún pariente que también carece de los suficientes medios para hacerse cargo del crecimiento integral de cada uno de ellos, debido a esas condiciones los niños se ven en la necesidad de aportar económicamente a sus hogares dejando por un lado lo esencial de su edad.  Según cuenta la chica que dio las palabras de bienvenida y de agradecimiento, tres niños que han pasado con ellos varios años ya se graduaron de maestros y ahora sirven como tales en el hogar, tienen muchos proyectos y esperan poder realizarlos, a los niños se les da una buena alimentación y una buena educación, el hogar espera que al pasar los años varios de los hoy niños y varios de los hoy jóvenes puedan salir con bien de las aulas universitarias y si es su deseo contribuir con el hogar que se preocupo por ellos en hacerlos personas de bien.

Los mayores, se van formando como lideres pues toman a esa edad, catorce, quince o dieciséis años, a varios niños y son los encargados de ver que todo salga según los principios del hogar, los sábados reúnen a las personas encargadas con quienes estos niños y jóvenes viven para darles instrucción de cómo mejorar sus condiciones de vida y enseñarles las actividades que realizan con sus huéspedes, incluso alfabetizaron a todas estas personas.

Ya que todo estaba en su lugar tuve la sorpresa que se llevaba una pequeña refacción para cada uno de ellos, una refacción que tenia la peculiaridad que seriamos nosotros quienes las serviríamos, esto al principio me extraño pero luego de dárselas sentí en mi interior algo así como un ligero cosquilleo, luego vinieron los juegos donde se pidió que dos personas del club participaran, nunca he sido muy dado a estas participaciones pero al ver que nadie se atrevía a pasar al frente, pues, ¡pase! Sebastián estaría frente a mí, separado por unos 30 metros, cuando se diera la señal Sebas tendría que correr hacia mí y cuando llegue a donde estoy parado comenzaría a inflar una vejiga y hacerle un nudo, estando la vejiga lista, Sebas, tendría que reventarla, al hacerlo tendría que tomar a Sebas en mis brazos y llevarlo corriendo hasta el otro extremo y adivinen que: El que llegue primero gana la competencia.  Sebas y yo hicimos un buen equipo porque ganamos y por ende recibió su regalo.

Se tomó una infinidad de fotos de todo lo acontecido.

Después que terminaron las dinámicas, pasamos al plato fuerte, los niños hicieron una cola dentro del hogar mientras nosotros fuimos a encender las maquinas, hicimos una fila a lo largo de la calle, el comienzo de la fila de motos era la puerta de entrada del hogar, ayudados por lo mayores fueron subiendo a los niños en el asiento trasero de cada una de las motos, un breve colazo de unas cuantas cuadras, pero ellos nunca habían subido a una motocicleta, algunos se asustaron, otros gritaban de la emoción, otros se tapaban los rostros de vergüenza y bueno… un sin fin de reacciones, las fotos continuaron y continuaron, hasta que el ultimo de los niños bajo, todos estaban muy felices y no hablo solamente de los niños, también nosotros lo estuvimos.

 Los niños y jóvenes se retiraron porque ya era la hora del almuerzo para ellos así que hicimos una valla y todos pasaron dándonos un saludo, algunos solo un apretón de manos, las chicas con un beso en la mejía y algunos otros dándonos un leve golpe con las manos empuñadas.

Las fotos continuaban, mi cámara, la del otro compañero, la de una de las chicas que conducen el hogar, en fin, creo que lo que más abundaron fueron las fotografías de todos esos momentos.

Luego de toda esa algarabía y el retiro de los niños y jóvenes todos comenzamos a prepararnos para el regreso, nos despedimos de todos en el hogar, nuevamente rugieron los motores y rodaron las motos para regresar, el regreso fue libre para que todos vayan a donde el espíritu aventurero los lleve, algunos pasaron a Sarita por un helado, nosotros continuamos hasta el peaje donde nos tomamos una cerveza par mitigar el calor, continuamos el viaje y cerca de Villanueva hubo un accidente, no sabemos de qué magnitud pero no pudimos pasar, tomamos por un camino que no conocíamos pero eso es parte de la aventura, dimos una gran vuelta debido a esto pero salimos nuevamente a la carretera interamericana y pasamos por una michelada a un restaurante para motoristas, ya entrada la noche llegue a casa un poco cansado por todo el trajín del día, converse un poco con mi familia mientras el sueño apremiaba para ir a mi cama.

Al día siguiente subí a mi PC todas las fotos que estaban en mi cámara, las publique en varias páginas sociales para compartir con quien deseara esta bonita experiencia que no terminaba allí porque cuando me puse a observar detenidamente las fotografías observe algo que me llamo mucho la atención, vi sonrisas, pero no me refiero a la de los niños, que esas, bien presentes las tengo en mi mente y grabadas en mi memoria, no, estaba observando nuestras sonrisas y me llamaron la atención porque denotaban la misma felicidad que mostraban los niños, es como si no hubieran personas mayores en todo esto, es como si todos fuéramos niños y estuviéramos jugando, creo que en realidad así fue, creo que en realidad en esos momentos nosotros también éramos niños que también gozamos de esa emoción, tanto como ellos, al ver esto sonreí, pero lo hice de una forma consciente.

Por mi parte, comencé a entender el porqué de esa emoción, de esa ansiedad antes de realizar un viaje, sentirse niño nos hace fuertes en espíritu, y sabios en la imaginación, nos hace espontáneos y mejores personas porque en un niño no existe ningún prejuicio y ninguna maldad, todo es amistad, cariño, compartir, así que esas sonrisas tampoco se me olvidaran.

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Julio F. Altán García

Créditos: Fotos y edición, Julio F. Altán García

 

 

 

 

La tormenta en el puerto

Tormenta en el muelle

Muchos problemas tuve que resolver antes de tomar viaje hacia la ciudad porteña donde otra de las grandes tareas que me habían encomendado debía de realizar.  Esta tarea no era más que la descarga de un buque tanquero que provenía de Italia con producto para la empresa para la cual laboraba.  Era una operación de alto riesgo que esperaba realizar sin mayores contratiempos porque según mi pensar contaba con la suficiente experiencia para realizar la descarga sin inconvenientes, pero las cosas no siempre salen como a uno le gustaría que salieran.

Desde que salí de la capital una pertinaz lluvia me acompaño, llovizna que en varios momentos del día se convertían en torrenciales lluvias y a veces en increíbles tormentas que pusieron en riesgo no solo el viaje por la carretera sino también la integridad del buque que se encontraría anclado en el muelle a la hora de la descarga.  El último reporte que tuve del jefe de la planta en el puerto fue que el barco llegaría aproximadamente a media noche al muelle por lo que la descarga comenzaría, tal vez, a la una o dos de la madrugada, esto me daría tiempo para manejar despacio hasta el puerto y descansar un poco antes de iniciar las operaciones.

Cuando llegue al puerto lo primero que hice fue comunicarme con el jefe de la planta para que supiera que ya me encontraba en el hotel esperando sus noticias en la madrugada para comenzar con nuestra labor, pero fue a las ocho de la noche cuando me llamo por radio para decirme que el tiempo de arribo de la nave había cambiado y que ya se encontraba anclado en el muelle, la noticia la recibí cuando recién comenzaba a dormirme.

Tome el vehículo para dirigirme a la planta que dista como un kilómetro del muelle para verificar que todo estuviera en orden pero fue allí donde comenzamos con el pie izquierdo esta delicada labor.  El encargado del laboratorio no tenia listo nada de lo que necesitaba para dar el visto bueno del producto y certificar que estaba dentro de los parámetros de calidad.  Me toco subir al tanque, de unos veinte metros de altura para extraer las muestras mientras se comenzaba con el bombeo desde el barco.  Lo hice de eta manera para no complicar desde un principio ninguna de las tareas programadas y que el capitán del barco pusiera alguna objeción mientras estuviera anclado, ya tenía varias cartas de protesta sobre mis espaldas de otros barcos que se quejaban del tiempo que permanecían en el puerto debido a mis atrasos pero todo era porque la prioridad del capitán era la rápida descarga mientras que para mí era la eficiente descarga y la seguridad de la planta en dicha labor.

Había calculado de veinte a treinta horas de descarga, esperando que ningún problema se presentara, un tiempo durante el cual nadie de los involucrados iríamos a dormir o a comer bien, teníamos que hacerlo todo de una sola vez para evitar recargos de parte de la empresa portuaria.  Eran tres productos diferentes que se descargarían por una misma tubería de veinte pulgadas de diámetro y un kilómetro de longitud.

Entre cada producto se tenía que limpiar toda la tubería con un taco de poliuretano al que todos le decíamos «cochino», por el tipo de trabajo y una forma que daba esa impresión, lo impulsaríamos al descargar aire comprimido dentro de la tubería.

La lluvia continuaba, a veces como una llovizna y a veces como un aguacero y en otras como una tormenta capaz de provocar destrucción.

Siendo aproximadamente la cinco de la tarde, luego de haber terminado sin ningún problema la descarga del primer producto y haber hecho la primera limpieza de la tubería procedimos a la descarga del segundo producto, descarga que esperaba terminar pasada la media noche.

Esa noche ni los relámpagos ni lo truenos cesaban  y el viento soplaba tan intensamente que si no nos parábamos bien era capaz de lanzarnos varios metros, fue cuando recibí una llamada de la persona que se encontraba parada al pie de los grandes tanques de almacenamiento, su llamada fue alarmante porque me indicaba que el medidor del nivel de producto no se movía hacia ningún lado, ni para arriba, ni para abajo, me asusto mucho porque en ese caso no sabría por donde se ubicaba el nivel dentro del tanque, al escuchar el tono de angustia de su voz decidí ir a verificar que estuviera bien o tomar la medidas necesarias para que el resto de la descarga fuera segura y alejar toda posibilidad de un derrame dentro de la planta.

La planta es una área abierta bastante grande y la poca vegetación existente que es por donde se escucha el silbido del viento son una serie de arboles que se encuentran a los lados de las instalaciones, pero fuera de su perímetro así que para llegar al área de tanques debería de caminar unos 300 metros de donde me encontraba. Por este trayecto caminaba cuando un rayo cayó muy cerca de nosotros, fue tan espectacular el rugido que la energía eléctrica se corto teniendo que encender el generador de emergencia para no quedarnos sin el fluido eléctrico que en ese momento era muy importante para iluminar el área de tanques.

Definitivamente esto hizo que mi nerviosismo aumentara porque  perdería valiosos segundos  en esta operación.  Logre encender el generador mientras por radio recibía la angustiosa voz de la persona que no sabía qué hacer ante esa situación.

Al llegar al pie del tanque me percate que en efecto la cinta métrica no se movía, desarme el dispositivo y no encontré nada irregular, casi entre en pánico porque esto quería decir que estaba trabado en la parte superior del tanque y que no era la cinta sino el flote del dispositivo que se debió de trabar en la parte superior debido al oleaje que se produce adentro del mismo al ingresar el producto.

Esto era preocupante porque si por el oleaje el flote llego hasta arriba quiere decir que el tanque estaba casi lleno, por lo que me preocupe más ya que faltaba producto por descargar.  Tenía que tomar decisiones rápidas y precisas, no había cabida para errores así que por mi mente paso en milésimas de segundo todo el manual de seguridad y procedimientos para la descarga de barcos en muelles y no logre encontrar nada así que opte por tranquilizarme y actuar según mi lógica.

Por radio me comunique con el capitán del barco para indicarle que bajara la presión de bombeo al minino mientras corregía el medidor y lograba ubicar donde estaba el nivel, pero esto no le pareció al capitán comenzando a indicarme que era poco lo que faltaba por descargar y no quería atrasos porque la tormenta se pondría peor, esto según datos que recibía tanto por radio como por el radar del barco que ubicaba las tormentas a lo largo de sus viajes.  Amenazo con mandar cartas de protesta por mi proceder pero no le hice caso porque mientras él estuviera anclado en el muelle era yo quien dirigía la operación de descarga y como una de mis prioridades era la seguridad de la planta tubo que obedecer las instrucciones que por radio le indique.

El capitán cumplió sus amenazas de enviar cartas de protesta tanto a la empresa naviera, a la portuaria así como a la empresa dueña de los tanques de almacenamiento para la cual laboraba.

Mi forma de razonar fue la siguiente: Seria demasiado tonto arriesgarse a tener un derrame de producto, pues, se bombea a razón de 37 000 galones por hora, si el derrame fuera de diez minutos, se perderían 6 000 galones, el equivalente a una pipa de transporte que se utiliza para llevarlo desde la terminal a la capital.  Este producto no solamente es escandaloso sino también costaría mucho hacer una limpieza que no solamente es difícil, además, el costo es bastante alto tomando en cuenta que tendríamos que parar toda la operación trayendo consigo la pérdida de tiempo que en estos casos también significa dinero.

¡No! Definitivamente no vale la pena, así que nuevamente me puse un impermeable, botas para la lluvia, unas cuantas herramientas y comencé a subir el tanque, el viento me levantaba las manos, tenía que asirme lo más fuerte posible de la baranda de las escaleras para que el viento no me levantara, se veía claramente que los relámpagos estaban cayendo cerca de la planta, era una luz enceguecedora y continua, la visibilidad era prácticamente nula, cuando llegue al techo del tanque este se hundió y por poco caigo de bruces, no recordaba que el techo de estos tanques era flexible porque no soportan ninguna carga más que su propio peso. Al llegar a donde se encuentra la cinta de medición, abrí la pequeña compuerta para ver adentro del tanque, no se veía nada, tan solo se escuchaba el retumbar del oleaje dentro del tanque, al encender la linterna y ver dentro vi que el flote estaba trabado como a dos metros de distancia, estaba prisionero entre la estructura que sostiene la cinta de medición y la pared del tanque así que no estaba al alcance de mis manos por lo que llame por radio a la persona que está en la parte baja para que me subiera una pértiga y poder alcanzar el flote.  Al cabo de unos minutos llegaba la persona al techo con la pértiga y pude destrabar el flote pero cuando me pare luego de cerrar la compuerta de la cinta de medición una ráfaga de viento lanzo al negro espacio mi impermeable haciéndome perder el balance y resbalar por la orilla pasando por el medio de la baranda de protección y por puro reflejo me agarre de la baranda del techo para no caer pero solo estaba sujeto de una mano y todo mi cuerpo pendía de esta, al cabo de unos segundos la persona que llego con la pértiga me sujetaba ya de la otra mano y con gran esfuerzo logro subirme un poco a modo que pudiera sujetarme ya con las dos manos.  Estando sujeto con las dos manos puede ejercer más fuerza hacia arriba y logre colocar una de mis piernas en la orilla del tanque, ahora ya tenía tres puntos de apoyo y con un pequeño esfuerzo adicional logre subir nuevamente al techo, el viento seguía soplando intensamente y los relámpagos seguían iluminando el cielo.

En cuanto hube recobrado el aliento luego del susto baje lo más pronto posible a ver cuál era la altura a que se encontraba el producto, dándome cuenta que estaba por encima de lo permitido, pero no sabía si era por el oleaje o si realmente estaba a esa altura, así que tome la decisión de parar el bombeo y eliminar toda probabilidad de un derrame.

Nuevamente me comunique por radio con el capitán indicándole mi decisión pero no estuvo de acuerdo porque según él era poco lo que faltaba para terminar la segunda descarga, pero por poco que fuera no serian menos de diez mil galones, que para las dimensiones del barco y de los tanques de almacenamiento de la planta no era prácticamente nada pero para efectos de un derrame ese poco se convertiría en mucho, tanto que podría terminar con mi carrera dentro de la empresa mientras el capitán seguiría con su trabajo como si nada.  El capitán decidió enviar más cartas de protesta a donde correspondiera.

La descarga del tercer producto se llevo a cabo sin ningún contratiempo, siempre bajo esta tormenta que me acompaño desde que salí de la capital, creo que al final de cuentas se volvió mi compañera.

Terminamos la descarga a eso de las cuatro de la mañana, para esta hora el oleaje del tanque del segundo producto que descargamos ya había mermado por lo que la medida era más confiable, realice algunos cálculos y observe que si cargaba tres camiones con ocho mil galones cada uno y dejaba llena la tubería que también le cabían ocho mil galones podría bajar del barco lo último que quedo de ese producto por lo que me puse en contacto con el capitán y le comuniqué mis intensiones, estando de acuerdo con mi proceder.

El barco fue descargado y se retiro del muelle, por nuestra parte recogimos nuestro equipo para llevarlo de vuelta a la planta y así poder, luego de aproximadamente treinta y cinco horas de tensión y de sueño, ir a dormir, a darme una ducha y comer decentemente.  Antes de retirarme de la planta recibí una llamada del gerente de operaciones preguntando como se había realizado la descarga, pues, le habían informado que no recibiríamos todo lo consignado en el manifiesto, le indique acerca de la decisión que tome a último momento y que todo el producto estaba en los tanques y que el barco se había retirado en el tiempo estipulado y completamente vació dejando sin efecto todas las cartas de protesta que presento.

 

Julio F. Altán García

Créditos: foto de la web

 

 

El torneo

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«Movete, solo movete a su alrededor… no te le despegues… no bajes tu guardia.  Ya falta poco, aguantá… aguantá… son segundos los que faltan…»

No llegue temprano porque no quería ver las peleas de clasificación, deseaba ver solamente las importantes: las semifinales y las finales en cada categoría. No tenía  ningún preferido simplemente porque no conocía a nadie, solamente llegue a ver el torneo por pura curiosidad y tal vez recordar viejas glorias.

Ya solamente estaba habilitado un cuadrilátero, eso quería decir que entre en el momento que deseaba, no me dirigí a las gradas, no, me fui directamente al área de pelea observando a  jóvenes con sus trajes de diversos colores y con sus respectivos logos en sus espaldas, logos que pertenecían a las diversas escuelas participantes, algunos con golpes  muy visibles, ojos morados, renqueando, en fin, toda una gama de lesiones que se ganan las personas que practican este deporte.

Vi un asiento vacío al que me dirigí prontamente, desde mi posición observe tres peleas que me parecieron interesantes porque las personas que combatían poseían una gran agilidad y destreza de movimientos.  Algunos guerreros se veían escuálidos pero eso es algo que no debe de confundirnos porque son poseedores de una gran fortaleza y agilidad.

Poco tiempo paso para comenzar a sentir aburrimiento, pareciera ser que estar de nuevo en este ambiente no lograba motivarme para nada, veía los combates y los criticaba queriendo que fuera  mi criterio el que prevaleciera mientras internamente me reía porque no tenía con quien debatir cada movimiento y golpe observado, no había con quien polemizar las estrategias que según los entrenadores serían las causantes de llevar a sus alumnos a la victoria, no había quien me escuchara y ese creo que era el motivo por el cual sentía aburrimiento.

La finales comenzaron y cada cierto tiempo terminaba una pelea y le levantaban la mano al ganador, gritos, saltos y abrazos para el triunfante guerrero que lograba vencer sin pena ni gloria a su oponente, no veía gloria porque no sentía que le ponían emoción al combate, cada golpe lo lanzaban con timidez, algunos, y otros con tanta emoción que terminaban acariciando a su oponente en vez de tumbarlo inconsciente, sin fuerza… sin corazón, mas pareciera que el mayor interés para ellos era arrancar gritos del público y no sangre del oponente.

Decepcionado me levante para retirarme mientras que por el micrófono anunciaban la siguiente pelea, continúe caminando intentando llegar a la salida.  Me detuve intempestivamente porque en el ambiente escuche algo que me paralizo, se anunciaba la gran final de la categoría en la que hace muchos años participe, mis voces internas callaron y mis piernas dieron media vuelta en dirección nuevamente al área de combate, no busque asiento, me quede parado viendo cuando los dos guarreros brindaban su saludo a los árbitros, luego el saludo entre ellos como buenos combatientes, llegue a la primera línea, estaba viendo el combate muy de cerca.

Los rivales eran dos muchachos, uno colocado en la esquina roja, se veía un poco mayor que el otro no solo en su complexión muscular, también en su altura y en su posición de combate, brincaba relajado con una guardia baja, desafiante, burlesca, claro indicador que poseía más experiencia al notarse bastante relajado. En la esquina azul se veía al otro muchacho con un rostro más juvenil, se veía un poco nervioso, se paró firmemente y con una férrea guardia que protegía su  rostro en ambos lados y los brazos pegados al cuerpo protegiendo el bazo y el hígado, una buena defensa aunque algo rígida, comenzó a brincar y moverse como si fuera un boxeador, resoplaba frecuente y fuertemente, claro signos que estaba cada vez más nervioso tratando de relajarse.

El guerrero rojo arremetió fuerte y rápidamente en una increíble ráfaga de golpes y patadas sobre el guerrero azul que termino fuera del área de combate…

Los gritos comenzaron en favor de uno y en contra del otro, familiares y amigos vitoreaban al guerrero de su predilección,  también comenzaron los comentarios:

—Es claro que el muchacho de la esquina roja va a ganar, tiene más alcance por ser más alto y ágil en esas estupendas patadas mientras que el otro se ve muy temeroso. —dije a la persona que estaba a mi lado.

—Eso es un hecho, ese rojo es el favorito de la competencia no solo por ser el actual campeón sino porque tiene muchos trofeos en su haber, el otro pobre creo que es su primer campeonato, pero aún así mírelo, ya llego a una final…

Repentinamente el árbitro detuvo la pelea, mando a cada contrincante a su lugar de reposo mientras los cuatro árbitros, uno en casa esquina, levanto la bandera azul, el árbitro central al verlos levanto la mano derecha y señalando dijo que era punto a favor del guerrero azul.  Todos pusimos una cara de asombro.

Algunos lo vieron y otros, como yo, no vimos que el guerrero azul de un rapidísimo movimiento descargo un golpe certero a la mandíbula de su oponente, ese fue el golpe que le mereció el primer punto.

Ya más relajado el muchacho azul brincaba suavemente cerca de su rival, bastante cerca.  Esto lo  hacia porque sabía que si se alejaba un poco más sérica presa fácil de la piernas de su rival, mientras el combatiente rojo gastaría energía tratando de alejarse para poder dar rienda suelta a su largo alcance y obtener la ventaja deseada.

Los combates tienen una duración de tres minutos, muy cansados por cierto, pero suficiente para vencer a cualquiera y por esto es que esos combates son realmente emocionantes.

Los muchachos saludaron al árbitro central y luego entre ellos mientras se indicaba que continuara el combate.

—El muchacho, el que acaba de marcar un punto parece que conoce bien sus alcances y sus limitaciones, es por eso que no se le despega a su rival, ya noto eso. —comente con otra persona que se encontraba cerca.

—Claro, también vea como brinca alrededor del otro y a veces se separa un poco, y cuando se separa es que lanza muy buenas patadas y golpes, pero no creo que gane, el otro tiene muchos más kilómetros recorridos.

—No. —Le dije— vera que va a ganar, sé muy bien porque se lo dijo.

La pelea continuo, golpes uno y golpes el otro mientras el entrenador de cada peleador gritaba sus  instrucciones para que ganara, yo camine hasta la esquina azul para escuchar lo que su entrenador le decía, tenía tantas ganas de ser yo el entrenador del muchacho que me atrevería a gritarle para supiera que podía dirigirlo hacia la victoria, pero los agentes del orden me lo impidieron quedando cerca de su esquina.

De mi garganta salió un grito mientras mi cuerpo se sacudió en el salto que di cuando  vi que el árbitro central volvió a parar la pelea.

El guerrero azul se alejó un poco del guerrero rojo, esto definitivamente alegro al guerrero rojo porque quería decir que tendría el espacio que necesitaba para lanzar sus fulminante golpes, lanzo una patada que el azul ágilmente evadió así como también evadió golpes de los puños ávidos de estrellarse en su rostro, solo se agacho con la guardia bien puesta para acumular fuerza en sus piernas y cintura como si fuera un enorme resorte, mientras brincaba, estando en el aire aprovecho la fuerza contenida en su cuerpo para desplegar desde una posición encogida, un giro, y mientras giraba soltó una patada que termino en la boca del estómago del guerrero rojo, solo se escuchó un gemido mientras caía al suelo sin aliento.

Dos a cero era el marcador a favor del muchacho de la esquina azul, faltaban poco tiempo para que terminara el combate y se declarara campeón, todo el público estaba emocionado, no era para menos porque en contra de todos los pronósticos ganaría al peleador que se le considera con desventaja.

Desde donde me encontraba podía escuchar todo lo que le decía su entrenador:

«Movete, solo movete a su alrededor… no te le despegues… no bajes tu guardia.  Ya falta poco, aguantá… aguantá… son segundos los que faltan…» Esas palabras retumbaban en mi cabeza porque eran las mismas que escuche hace muchos años cuando era yo quien estaba en ese cuadrilátero peleando en la misma categoría.

Recordé que faltaban pocos segundo para que terminara el combate, escuchaba esas palabras pero no les hacía caso, no, yo seguía combatiendo porque dentro de mi sabía que si hacía caso a ese consejo no me sentiría bien por el resto de mi vida, no le hice caso porque  quería ganar limpiamente, sin rehuir el combate.

Yo también iba ganando dos puntos contra cero y me sentía eufórico, tomaba aire y resoplaba como un toro antes de la embestida, cargaba con todo en contra de mi rival, siempre hacia adelante porque la victoria tenía que ser mía. Sentía los golpes que se estrellaban contra mis brazos que eran la defensa de ese golpear fuerte y sin misericordia que estaba recibiendo, mi rival estaba tranquilo, pero no dejaba de lanzar golpe tras golpe, patada tras patada y yo sin alejarme de él para tomarlo por sorpresa y nuevamente acertarle un punto más.

«No te le acerques, aléjate… aléjate» seguía escuchando pero no hacía caso, yo seguía hacia adelante cuando el árbitro detuvo el combate y levanto la mano indicando que mi rival ganaba un punto, eso no me gusto, porque mi defensa era buena y no creía que la hubiese roto. A los pocos segundos nuevamente el árbitro detenía la pelea indicando otro punto a favor de mi rival.  En esa ocasión si levante mi protesta porque la patada que lanzo no toco mi rostro, toco mi mano empuñada que estaba lejos de mi cara, sin embargo dieron valido ese punto.

Estando en el área de descanso mi entrenador, me dijo: «están dos a dos, ya casi no hay tiempo así que tenés que hacer un punto para ganar.» Arremetí en contra de mi oponte logrando desubicarlo y lance una patada a su rostro, pero esta patada era solo para distraerlo porque inmediatamente,  al aterrizar mi pie al suelo este quedo en buena posición para lanzar un golpe a su estómago, eso  hice, cayo hincado, sin aliento y levante mis manos en señal de triunfo, mi entrenador también grito de la emoción, pero el árbitro no lo valido porque indico que fue fuera del área de combate, las protestas de mi parte y de mi entrenador no se hicieron esperar sin embargo el árbitro no dio marcha atrás y anulo un punto.  El combate siguió, la esquina roja continuo magullando mi cuerpo con cuando golpe podía  hasta que por fin lanzo una patada que paso arriba de mi cabeza pero en el acto lanzo una de vuelta que impacto en uno de mis costados dando los árbitros por valido ese punto, también hubieron protestas pero la historia quedaría escrita con el triunfo de mi oponente, del guerrero de la esquina roja.

Al terminar el torneo y luego de darme una ducha y salir con un trofeo de segundo lugar mi entrenador se acercó para decirme: «Te felicito, fue un gran combate, te luciste y debes de sentirte muy orgulloso de ese segundo lugar, además de eso quiero decirte que en las artes marciales en todo combate, ya sea en competencia o entrenando, se aprende, no sé qué hayas aprendido hoy, es tu trabajo averiguarlo, pero quiero decirte que fue lo que yo aprendí.  Quería que ganaras y por eso te dije varias veces que no lo enfrentaras, que solo te corrieras y que aguantaras porque dos puntos a cero te darían una gran victoria, solo era de moverte en el cuadrilátero, pero no lo hiciste, seguiste tu emoción, seguiste el camino que hay que seguir, seguiste hacia adelante como un verdadero guerrero lo tiene que hacer, a veces ganar no necesariamente es levantar el trofeo del primero lugar, nuevamente, felicidades y gracias por ese aprendizaje.»

Mi mente regreso al momento actual, a la pelea presente, vi que el guerrero azul hizo caso del consejo que recibió de su entrenador,  me levante para retirarme y mientras pasaba entre la gente que observaba la pelea escuche por el equipo de sonido que el guerrero de la esquina azul ganaba dos punto a cero y alzaba el trofeo del primer lugar.

 

 

Julio F. Altán García

Créditos: Foto Julio F. Altán García

 

 

 

 

 

De mujeres

n17

Estaba cavilando, ultrajando, sintiendo

Cavilando con el corazón

Ultrajando con los ojos

Y sintiendo con el alma.

 

Trémula oficiaba los quehaceres

Digería el día

Y atormentaba la conciencia

Ante los ojos del que la veía.

 

Besos a él y al otro

Dejándolos ir para continuar

Trabajosa la mañana

Y esperanzadora la tarde.

 

Crepúsculo desbordado de colores

Tinieblas temerosas

De otrora despedida

En el tiempo latente.

 

Cuadros recordados

De escenas trasferidas

Del ayer para hoy

De las vivencias de su vida.

 

El hoy se repite como el ayer

En la cadena interminable

Del ocaso de quien me dio la vida

Y se repite en quien da

La continuidad de mi estirpe.

 

Julio F. Altán García

Créditos: Foto de la web

Utopía

 

Utopia

 

Nosotros los utopologos, rebeldes, tercos, pero viscerales y analíticos que escupimos ideas y sueños y vivimos realidades surrealistas en armaduras combatiendo con dragones en pos del bien de la doncella; luchadores incansables contra esas estructuras que mueven los vientos que para unos son demencias, pero para otros vivas realidades; cabalgando a la par de esos seres que con sus compañeros rebusnantes a veces nos hacen ver otros caminos, mientras la bella dulcinea nos espera y cabalga en nuestro corazón. A veces solitarios y a veces en la manada como el lobo estepario que espera con ansias el camino se nos muestre ante la llanura de la vida.

 

Julio F. Altán García

Créditos: Foto de la web

 

Termina la segunda toma del instituto

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Esa noche, mientras unos se emborrachaban, tanto en las afueras del instituto como en su interior, otros fumaban mariguana y otros cumplían con las guardias perimetrales establecidas, nosotros nos encontrábamos en una de las dos casas de citas que frecuentábamos: el Yokohama y el Duke, lugares donde a veces las chicas nos daban de comer algo y otras solo nos acompañaban para hacernos más ameno el momento, pero más que todo nos acompañaban porque varios compañeros les vendían pastillas, según ellas para drogarse; solamente eran analgésicos y anti diarreicos que robaban de la farmacia del instituto pero ellas ingenuas las compraban o las cambiaban por cerveza, esa noche en especial tomamos más de la cuenta, llegamos al establecimiento a eso de las tres de la madrugada, total solamente teníamos que caminar unas dos o tres cuadras de donde se encontraban esos idílicos lugares.  Quienes éramos los de la juerga: Cutete, Achiote, Pipiriche y no me recuerdo si alguien más.

La división que se había generado dentro de un grupo de estudiantes… bueno, básicamente entre la junta directiva de la Asociación de estudiantes y los demás compañeros del grupo que estuvo presente durante toda la toma (todos éramos de quinto bachillerato y unas cuantas personas más de secretariado oficinista, secretariado bilingüe, perito contador y no digamos varios compañeros de primero básico) se origino porque a esa edad todos teníamos un problema, al parecer un gran problema con una figura llamada autoridad.

La asociación de estudiantes tomo varias medidas restrictivas para entrar a ciertos lugares y realizar ciertas actividades para poder conservar la legitimidad del movimiento así como de todas las instalaciones, equipamiento y accesorios del establecimiento y esto no fue del agrado de nuestros compañeros acostumbrados a hacer lo que les daba la gana.

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Luego de esa alegre y alocada noche y luego de dormir por varias horas cada quien fue despertando en sus respectivas camas: las mesas de la cocina, algún closet, el suelo, sentado en algún escritorio o la grama de los jardines si es que no le dio tiempo de llegar a alguna de los salones donde la mayoría intentaba dormir.

Llegue a eso de las ocho o nueve de la mañana a la cocina por un poco de agua, pues, la cruda me hostigaba mas allá de mis posibilidades, entre a la cocina y ya las compañeras estaban preparando el desayuno mientras por las bocinas se escuchaba mi nombre para que me presentara en el salón de reuniones del claustro de catedráticos para una reunión con representantes del ministerio de educación, me informaron que llevaban unos 15 minutos tratando de localizarme, la cabeza me daba vueltas y la sed era casi insoportable, me dieron un poco de café que apenas pude tragar, los compañeros reunidos en la cocina no hacían otra cosa que molestarme mientras por mi cabeza pasaba un sin número de pensamientos para callarlos y que me dejaran en paz con mi gran cruda.

Logre llegar al salón de la reunión, entre y, obvio, todos me voltearon a ver mientras mi compañero, el presidente de la asociación tenía el uso de la palabra, llevaban aproximadamente unos veinte minutos de estar dialogando sobre la deposición de nuestro movimiento y la forma en que todo terminaría.  Como secretario de información trataba de hilvanar todo lo que decían para poder entender lo que se estaba hablando y los acuerdos a los que se estaba llegando.

De alguna manera la información de que el movimiento estaba llegando a su fin, luego de permanecer por un poco más de un mes en el instituto, se filtro fuera de la sala de la reunión y mientras nosotros discutíamos los términos de la rendición… rendición… no!, cual rendición, los puntos de nuestras demandas fueron satisfechos, entre otros: la creación del Instituto Enrique Gómez Carrillo jornada vespertina con orientación comercial, el reconocimiento del primer grado de educación básica y su traslado para la jornada matutina del instituto, la confirmación de las plazas de los maestros y el reconocimiento de la segunda promoción de bachilleres en ciencias y letras que se graduaría el próximo año además de la confirmación del director de instituto.  Todos los puntos fueron aprobados y mientras se levantaba el acta correspondiente escuche a lo lejos las letras del himno nacional, vi por los vitrales y allí estaba un grupo de compañeros, con los que había cierta división, lo estaban entonando bajo la bandera que se encontraba desde el inicio en el asta, llego a mi mente lo bonito que fue el mismo acto, pero tiempo atrás, en la entrega del mismo instituto luego de la primera toma.  Me sentí un poco decepcionado porque pensé que esperarían a que los documentos fueran firmados y legitimizados para poder, todos juntos, realizar ese hermoso acto.

Hubo un apretón de manos de parte de los participantes de esta reunión, es decir: la asociación de estudiantes apoyados por el claustro de catedráticos y el ministerio de educación de esa época, ellos se retiraron y nosotros nos quedamos reunidos a petición de la catedrática que impartía los cursos de filosofía, literatura universal e historia del arte, fue una petición que me extraño pero aún así nos quedamos.  El motivo de la reunión: traía consigo una botella de licor que nos decomiso en una de las tantas borracheras nocturnas, dijo: ahora sí, es el momento de brindar, maestros y alumnos, por los logros alcanzados, después de un breve discurso nos terminados ese liquido espirituoso.

Al salir de la reunión, a media tarde tal vez, voltee a ver las instalaciones donde prácticamente vivimos un mes y sentí cierta nostalgia al saber que el movimiento había terminado con éxito, en esos pensamientos estaba cuando uno de los compañeros que estaba en el acto del canto del himno nacional se acerco a mí y me dijo que entonáramos el himno nuevamente e hiciéramos lo mismo que hicieron en el acto que vi desde el interior del salón de la reunión.  Volví mi vista hacia él y lo vi a los ojos para decirle que lo bonito ya lo habían hecho ellos, continúe caminando mientras él me veía en mi lento caminar, seguí caminando y recogí mis pertenencias, salí del instituto y todos estaban en la tienda de don Neto, obviamente me quede allí.

 Así como termino el movimiento que iniciáramos un mes antes, también estaba terminando la división que existió por unos días dentro de nosotros, tomamos cerveza y mas cerveza hasta emborracharnos mientras contábamos, o… más bien, recordábamos todas la anécdotas que nos sucedieron durante ese mes que vivimos dentro del instituto enfrentándonos a uno de los más terribles regímenes militares que hemos conoció.

Esto sucedió un 21 de septiembre de 1978.  Salud carrillistas en un aniversario más de creación del instituto Gómez Carrillo jornada vespertina de donde únicamente se graduaron dos promociones de bachilleres en ciencias y letras y que después de un tiempo le cambiaron el nombre.

 

Julio F. Altán García

Créditos: Fotos de “Prensa Libre” tomadas en la hemeroteca nacional de Guatemala.