Noticias del lago

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Fue una noche que hubiese querido que fuera como todas las demás: sumido en los recuerdos de cuando solíamos pasear por esas maravillosas noches estrelladas, con un leve viento frío, abrigados en nuestros brazos y sintiendo el aroma de nuestros deseos y desbocando nuestras pasiones, viéndonos sin pestañear hasta penetrar en nuestros secretos más íntimos. Pero no fue así.

Camine sin rumbo por esas estrechas calles bajo una leve llovizna, amarillentas luces de incandescentes inicios, donde las sombras dibujaban formas amorfas de dos seres que sentía que no existían, de monstruos que aparecían y desaparecían en incansables peleas donde las garras y dientes desangraban una espesa neblina que inundaba la razón. A lo lejos escuchaba una agradable y relajante música de un piano y un saxofón que provenían de un pequeño bar bohemio lleno… no de algarabía, risas y gritos… no, su ambiente estaba sofocado de un silencio que era inundado por ese jazz que no dejaba espacio para el bullicio.

Personas solitarias, mesas con parejas tomadas de la mano sin desviar la vista, bellas meseras sirviendo bebidas, la neblina desplazada por el humo de los cigarrillos, todo el ambiente inundado de ese dulce sonido del saxofón y una flauta dulce que invocaba al amor en uno de los lagos más hermosos del mundo.

Diez años atrás, en ese mismo bar y en ese mismo ambiente quedamos de vernos a las ocho de la noche. neblina, humo de cigarrillos, bebidas espirituosas, el inconfundible jazz de dos viejos músicos con tantas historias que contar con su romántica música y un anillo de compromiso en el bolsillo de mi chaqueta, mis nervios más tensos que las cuerdas de un violín y un deseo incontrolable de evocar un futuro juntos… pero nunca llego…

Dudaba en entrar al bar porque esos recuerdos me carcomían el alma quedándome en el umbral para ver en todas direcciones y ubicar una mesa que estuviese lo más aislada y solitaria posible para cavilar mi desgracia, deseaba tanto poder regresar el tiempo a ese día y poder averiguar lo sucedido porque cuando la fui a buscar nadie pudo darme razón de su ausencia, pensé tantas cosas que envenenaron mi ser sintiéndome utilizado y traicionado.  El silencio ahogo mi mente escuchando tanto solo la suave música de fondo y una leves voces que repetían mil veces un «te amo».

Una bella mesera se acercó para indicarme que solamente estaba disponible un asiento en una mesa que estaba ocupada por tan solo una persona. Me quede inmóvil por unos instantes para decidir si me sentaría con algún extraño, pero la necesidad de un trago pudo más que mi deseo de ya no sentir, camine hasta donde la mesera me llevo.  Era un recoveco con una pequeña mesa y dos sillas de las cuales una estaba ocupada por una sombra informe, inmóvil y callada, mas parecía una estatua que una persona, me senté sin siquiera saludar la imagen sentada frente a mí. Las viejas paredes estaban todas desportilladas dejando ver los ladrillos de su construcción, un viejo oleo que colgaba de la pared apenas se dejaba apreciar, el cuadro estaba torcido y su colores eran tan opacos como mi ánimo ha estado por esos diez años que pareciera que no han transcurrido, las luces indirectas más parecían candelabros donde titilaba una casi imperceptible llama dibujando en las paredes los fantasmas de los cuales no lograr huir.

—  ¿Qué desea tomar?— fue la pregunta de la bella chica que usaba un corbatín negro sobre una blusa blanca, pelo negro, piel color caoba y grandes ojos marrones me hizo mientras me invitaba a que iniciara una conversación con la sombra de mi pasado que estaba sentada frente a mí.  No lo comprendí en ese momento.

Pedí una fuerte bebida para intentar despejar la opresión en mi pecho y despejar lo nebuloso en mi mente, pero era imposible que en pocos segundos desapareciera lo que en diez años no ha desaparecido. Maldije el instante en que sentí lo que nunca había sentido por quien nunca había conocido, tan solo tuve tiempo de apreciar lo sutil de breves momentos de felicidad.  Mi bebida llego tan rápido como un siglo de espera, sentía una incomodidad tal como la sentían las personas representadas en el óleo que colgaba de la pared, pareciera que la mesera sabía algo que no yo  no percibía, no lograba descifrar ni sus miradas  ni sus ademanes y menos su tardanza en servirme una mísera copa.

De un solo trago tome la mitad del brebaje que me sirvieron, sentí tan abrasiva la bebida que raspo mi garganta a tal grado que por poco lo escupo, de mi salieron sonidos tan fuertes que muchos me voltearon a ver, pero la estatua que estaba frente a mí no se inmuto y prosiguió en su estática postura sin siquiera emitir un gemido de asombro, ni siquiera movió la cabeza, los ojos fijos en los músicos y sus oídos atentos a sus imperceptibles latidos. La mesera se acercó para limpiar el líquido derramado y servirme una nueva copa, me vio de una forma inquisitiva y con cierto enojo.

Ya prevenido de lo fuerte de la bebida tome esa segunda copa con más prudencia, solo garraspe el inicio de la bebida y escupí las palabras que el brebaje me obligo: « ¿Por qué no me amaste como yo te amé a ti? ».

Bebí la copa hasta el fondo, bajo por todo mi tracto como si estuviera esmerilando algún metal, llego tan fuerte a mi estómago que pensé que lo vomitaría, afortunadamente no fue así, mi cuerpo lo necesitaba tanto para poder salir de ese malestar corporal que llevaba padeciendo desde que quede esperando que llegara a la cita.  Busque en mi chaqueta el dinero para pagar mi bebida pero lo que mis manos encontraron fue la caja donde el anillo de compromiso aún permanecía esperando a ser usado en el dedo para el cual fue elaborado.

El efecto de la bebida fue tal que sentí que todas las luces fueron apagadas y los músicos callaban mientras un estupor sacudía mi cuerpo, por primera vez sentí todas las miradas de los presentes, sentía que todos me acusaban de haber interrumpido la bella melodía, vi relámpagos por las ventanas y escuche ensordecedores truenos que imponían su autoridad  para callar todo ruido y me dejaran escuchar en un suave murmullo una pregunta que provenía de la imagen sentada frente a mí:

— ¿Por qué hiciste esa pregunta en pasado? ¿Por qué piensas que no sintió nada por ti?— no lograba ver bien a la persona que me hacia esas preguntas, pero la voz que escuche la sentí lejana y familiar.

—Si le hubiesen importando todos nuestros planes y nuestro futuro ni la muerte hubiera hecho que faltara a nuestra cita— lo dije como si estuviera confesándome ante alguien por la desdicha y soledad en que quede sumido desde ese día.  Llame a la mesera para pedir un último trago pero de la penumbra del recoveco salió una mano que se posó sobre mi brazo para pedirme que no bebiera más y no sé porque motivo sentí que no era una orden sino más bien una súplica.  Intente ver a través de las sombras para ver a mi interlocutor pero la noche estaba tan obscura y las luces del bar tan tenues que me era imposible, tan solo la voz de sus preguntas me daban los indicios que se trababa de una mujer.

—Das por hecho que la culpa es de ella al no haber llegado a la cita, pero no sabes lo que pudo haber pasado ese día para que faltara.  Nada de eso sabes.

Me enojaron sus palabras  porque quien era ella para emitir opinión de algo de lo cual no tenía ninguna idea y ningún conocimiento, aunque me dieron curiosidad sus comentarios, por unos momentos no dije nada más, quería seguir inmerso en mis emociones pero ella insistió en querer seguir hablando de algo que no tenía porque importarle. La sangre fue subiendo a mi cabeza con cada palabra que decía hasta que llegue al punto de ponerme de pie súbitamente y dar un fuerte golpe en la mesa  para callarla, no me interesaba nada de lo que pudiera decir. Salí rápidamente, como  huyendo de la mesa, al pagar la cuenta la mesera se me quedo viendo con unos ojos y una sonrisa… no de incredulidad sino más bien de complicidad.  Lo único que deseaba era salir de ese lugar que llegue a odiar desde ese día y que por razones que nunca tuve claras llegue precisamente en esa fecha… en la que celebraríamos nuestro décimo aniversario de bodas.

Me quede sentado en una de las bancas que está en las afueras del bar, frente al viejo muelle de ese inmenso lago de aguas cristalinas, la fuerte tormenta amaino dejando bastante humedad en el ambiente y un frío que calaba los huesos mientras las nubes comenzaban a despejar el cielo para ver el suave titileo de las estrellas, estire las piernas mientras un profundo suspiro escapaba de mi pecho.

Dubitativo, cabizbajo, meditabundo me quede viendo el resplandor de las luces en las aguas del lago mientras unas lágrimas salían de mi ojos, deseaba tanto poder verla y reclamarle por haberme dejado sin siquiera un adiós.  Estaba a punto de salir corriendo y saltar a las frías aguas, pero una mano me tomo del brazo a fin de detener mi impulso, cuando voltee para hacer el reclamo respectivo una marejada de tranquilidad me invadió, no pude articular ningún sonido, tan solo volví a tomar asiento a la par de la mujer que estaba frente a mí en la mesa del bar, logre reconocerla quedando estupefacto al ver que luego de diez años llego a la cita que teníamos pendiente para poder pedirle que uniera su vida a la mía para siempre.

—¿Por qué has dudado de mi amor por ti todo este tiempo, pensé que realmente me amabas?, ¿Por qué estás aquí, precisamente en la fecha en que se cumplen diez años de ese día en que me fue imposible estar contigo, deseas reclamarme o deseas seguir amándome?

No me dejo hablar, solamente escuchaba una historia de horror que le toco vivir ese día en que por la maldad de varios hombres no logro llegar a la cita, me contó que tanto ella como su familia sufrieron los horrores de una desaparición forzada donde paso muchos días sin poder ver, ni hablar y mucho menos pensar, muchos días paso en ese tormento que le toco vivir sintiendo en carne viva todos los  vejámenes a los que fue sometida y que lo único que la mantenía lucida era pensar en su familia y en mí. Me dijo que no lograba precisar cuánto tiempo paso en esa terrible situación porque de repente quedo con los ojos cerrados sin sentir ningún dolor ni sufrimiento y… y cuando recién los volvió a abrir se recordó de la fecha y la hora de su cita con migo y  por eso se encontraba en el bar cuando llegue.

No quise que siguiera recordando tan terribles sucesos, la tome entre mis brazos para declararle el inmenso amor que sentía por ella, lloramos juntos prometiéndonos que nunca más nos separaríamos.  Metí mi mano en la bolsa de mi chaqueta y saque la pequeña caja donde aún conservaba el anillo de compromiso, lo puse en su dedo como muestra de mi amor, nos levantamos de la banca y viendo un majestuoso cielo negro lleno de estrellas y una inmensa luna llena comenzamos a caminar por todo el muelle sin dejar de vernos sintiendo nuestro palpitar y agitada respiración, al llegar a su final no  nos detuvimos, continuamos caminando por un sendero iluminado de una hermosa luz blanca y brillante que apareció frente a nosotros, seguimos caminando hasta adentrarnos en ese interminable camino que es el amor.

NOTICIAS DEL LAGO

Hombre se suicida al lanzarse desde el muelle a las aguas del lago que en ese momento estaba muy agitado por la tormenta que azoto la región. Varios testigos aseguran que estuvo en uno de los bares cercanos, suponen que estaba muy deprimido por un amor no correspondido porque lo vieron llorando y repitiendo el nombre de su amada.

Sin embargo una de las meseras del bar donde estuvo el sujeto indica que no bebió mas de dos copas y converso con una chica que estaba en su mesa y que luego que salió del bar la chica lo siguió hasta el muelle y ambos caminaron juntos por el frágil  muelle hasta llegar al final.  Cierto o no la mesera asegura que fue un reencuentro de una pareja de enamorados que después de mucho tiempo lograron reunirse para vivir su amor.

Lo cierto del caso es que los buzos aun no encuentran  ningún cuerpo en las aguas de lago y como dato curioso se encontró en el muelle una pequeña caja que contuvo un anillo de compromiso de una reconocida joyería.  Además ningún otro testigo de este suceso vio a la chica a quien la mesera hace referencia.

 

Autor:        Julio Altán García

Créditos:    Fotos de Pixabay

 

Veinte kilómetros

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No recuerdo que edad tendría cuando mis padres comenzaron a llevarme a un pintoresco pueblito, donde nacieron, incrustado en un pequeño valle rodeado de montañas que está ubicado a escasos veinticinco kilómetros de la ciudad capital.  La carretera principal solamente constaba de dos carriles, uno de ida y otro de vuelta, no transitaban muchos carros en ese entonces, el camino tenía muchos baches en su recorrido, sentía largo el viaje que a veces lo realizábamos en bus y otras en el vehículo de algún familiar.

En todo el recorrido se veían grandes terrenos que eran dedicados al ganado,  eran extensas planicies de un color verde, a los lados de todo el camino existían muchos árboles, grandes árboles que separaban esos terrenos de la carretera.

Esa era la carretera principal, pero al llegar al kilómetro catorce, aproximadamente, se tenía que virar a la izquierda para tomar un camino secundario que era el que nos llevaba al pueblo, pero antes de llegar a ese cruce existía un restaurante hecho de madera que se encontraba en medio de un pequeño bosque, todo su interior era como un viaje al pasado donde el personal vestía a la antigua usanza, las chicas con vestidos largos a cuadros al igual que sus delantales, gorros antiguos en sus cabezas y blusas escotadas de color blanco y los chicos con pantalones y sombreros vaqueros y camisas a cuadros,  Por todos lados se exhibían objetos de las antiguas fincas lecheras y madereras que existieron… no sé en qué época.

Ese camino secundario era más angosto que la carretera principal y con más baches, no existían muchas casas  y el caminos bajaba por bosques de pinos y cipreses, el aire que se respiraba era puro, refrescante y mágico. Ya para llegar al pueblo el camino se tornaba un poco peligroso debido a lo empinado con curvas muy cerradas, pero era emocionante llegar al pequeño pueblo con todas sus calles de tierra, caballos con sus jinetes por todos lados, sus pocos negocios y sus autobuses llamando a sus pasajeros, perros caminando a la par de personas a pie y de grandes caballos con sus jinetes, el bullicioso mercado con personas que compraban y otras que llegaban a vender sus productos agrícolas, el palacio municipal al lado de la calle real que no era más que una vieja casa echa de adobe con no sé cuántos años de existencia.

El regreso era igual o más emocionante, pasábamos por el mismo camino pero se sentía diferente, por lo general era ya entrada la tarde cuando se disponía el retorno, a esa hora el frió se hacía presente, un frió que en los meses de fin de año era muy intenso, una densa neblina aumentaba la emoción del viaje porque sentíamos un peligro latente por no ver bien el camino.  Más o menos a la mitad del recorrido, al virar en una curva, a veces sin la luz del sol y otras viendo un hermoso atardecer con sus colores naranjas y rojos como si se estuviera incendiando el cielo, se veía la ciudad capital desde lo alto de la montaña con todas sus luces encendidas para iniciar su vida nocturna y los pocos edificios que en ese entonces se construían. Poco más delante de esa curva existía un lugar al que se le llamaba “El mirador”, era una pequeña planicie donde vehículos se estacionaban para ver ese paisaje crepuscular o nocturno, no existía la luz eléctrica en ese entonces en el mirador por lo que al bajar la vista se veían las luces de la ciudad y al elevarla se veía un hermoso cielo totalmente estrellado.

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Desde ese entonces he transitado por esos caminos porque con mi padre y a veces en familia visitábamos a nuestros abuelos que Vivían en ese bello paraje. Con forme pasaba el tiempo visitábamos menos el pueblo, y menos aún después de que fallecieron mis abuelos, hasta que un día dejamos de viajar por esa carretera.

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Como todo en la vida, toda la región fue cambiando hasta que las planicies, los árboles, el restaurante y la misma carretera fueron transformados. Hoy en día existen grandes residenciales y grandes centros comerciales a lo ancho y largo de toda la zona, ya no existen los ranchos lecheros y el pueblo se ha trasformado en una urbe con muchos colonizadores, la magia del pueblo ha cedido el paso para la industrialización porque también se han asentado fabricas que dan trabajo a muchas personas. La carretera se ha transformado en una autopista de cuatro carriles y el camino secundario también se amplió. El campirano restaurante fue demolido y en su lugar se construyó un gran almacén de muebles de todo tipo. El cruce hacia el pueblo se convirtió en un moderno paso a desnivel para poder distribuir de mejor manera el intenso tráfico del sector. Todo ese camino se convirtió en la zona más pujante y con un gran crecimiento económico porque todos quieren irse a vivir a esos parajes, pero para hacerlo deben de tener un alto nivel económico porque la tierra se volvió muy ostentosa.

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Cuando sucedieron los cambios los fuimos viendo tal cual lo profetizara mi abuelo, ya no me llamaba mucho la atención el transitarla, tal vez  porque en mi mente estaba todos esos paisajes pintados del verde de los árboles y la vegetación, el café de la tierra, los colores de las aves y dejar de escuchar el ruido del viento al atravesar los inmensos árboles, el crepitar de los riachuelos y dejar de sentir ese agradable aroma a tierra mojada, pero la vida me daría una agradable sorpresa.

Un par de años antes de que dejáramos de visitar el pueblo logre conseguir empleo en una de las fábricas que se asentaron a la orilla del camino secundario, sentí cierta emoción al conocer su ubicación, recordaba cómo era todo y lo cambiado que estaba, no pensé que estaría mucho tiempo trabajando en ese lugar sin embargo muchas circunstancias me obligaron a quedarme por bastantes años.

Con el trascurrir de tiempo el viaje de mi casa al trabajo y viceversa, de tan solo veinte kilómetros se hacía más y más pesado debido a lo intenso del tráfico, mi viaje era en bus, tardándome aproximadamente una hora y media y a veces hasta dos horas o más para recorrer esos veinte kilómetros, esto comenzó a afectar mi humor por lo largo de mis jornadas laborales y lo estresante  del recorrido teniendo que soportar muchas situaciones incomodas como el viajar de pie y todo estrujado por los demás pasajeros y porque para regresar a casa debía de abordar otro autobús que se estacionada en una parte de la ciudad con mucha delincuencia donde transitaban drogadictos, prostitutas y vendedores de un sinfín de suertes, payasos que distraían a los pasajeros para poder robarles sus pertenencias y las intransigencias del piloto del bus y su ayudante.  Por esos motivos decidí comprar un vehículo para viajar y así evitarme todas esas molestias que hacían que llegara a casa de mal humor y a veces hasta enojado notándose esto en mi interactuar con mi familia. Al analizar bien el trayecto y lo denso del tráfico llegue a la conclusión de que no podía ser un automóvil porque eso reduciría casi en nada mí tiempo de viaje, así que me decidí por comprar un vehículo de dos ruedas.

Nunca pensé que viajar esos 20 kilómetros de ida y otro tanto de regreso llegaría a representar en mi algo muy especial, si bien es cierto que no viajaba hasta el pueblo si recorría una buena parte de la ruta.

Desde que comencé a recorrer esos veinte kilómetros en mi motocicleta no solamente reduje mi tiempo de viaje, mi humor cambio diametralmente porque además del viaje a mi trabajo comencé a realizar viajes a muchas parte del país y fuera de él que  me relajaban bastante a tal punto que llegaron a ser imprescindibles mis paseos de fin de semana.

Después de varios años de manejar la motocicleta por muchas partes y por diversos motivos mis viajes de fin de semana se fueron espaciando cada vez más a tal punto que tuve que suspenderlos quedándome solamente los viajes diarios a mi trabajo, solamente esos veinte kilómetros me fueron quedando.  Sin haberlo dispuesto de esa  manera ese  pequeño recorrido diario se fue volviendo más importante porque en ese trayecto mi mente comenzaba a pensar ya no en la planificación de los viajes de fin de semana sino fue todo al contrario: todos los pensamientos que tenía en esos largos viajes se fueron quedando en el corto recorrido volviéndose ese tiempo en mi lugar de escape de toda esa verborrea y desahogo mental.

Durante todos los años que llevo trabajando en la misma fabrica la trasformación de ese camino continua,  dándome cuenta que mi viaje también.  En vez de convertirse en un transitar rutinario y monótono se convirtió en algo relajante donde todos los días mantengo un dialogo con migo mismo sobre todo lo que me ha tocado pensar y experimentar en diversas situaciones de la vida.

Aproximadamente treinta y cinco minutos tarda mi viaje, pero cada día me gusta hacerlo.  Me he acostumbrado tanto a esos cambios del camino que se volvieron parte de un nuevo paisaje que se grabó en mi mente. He cavilado tanto en esos minutos que me hace falta transitarle en mis dos ruedas. He llegado a planificar acciones que pondría en práctica en un futuro cercano, he meditado sobre muchos problemas y les he encontrado solución, he pensado en amores y he gritado hechos dolorosos en esa carretera. Son treinta y cinco minutos o veinte kilómetros que espero con cierta ansiedad porque me desconectan de la realidad.

También he llevado sustos por accidentes que han estado a punto de ocurrirme, también me he enojado con otros pilotos por lo abusivo de su manejar, he manejado bajo las inclemencias del tiempo, bajo grandes tormentas y temperaturas gélidas. He conocido personas y hecho amigos así como también me ha tocado ayudar a otras personas.

En una ocasión, para los meses de fin de año cuando la temperatura desciende bastante y sufría de mal de amores, pasaba al mirador para ver los hermosos crepúsculos al caer la tarde, encendía un cigarrillo estando recostado a lo largo de la moto y pensaba todo lo que se piensa de un amor no correspondido. Pasaba bastante tiempo en ese lugar, viendo como parejas llegaban en sus vehículos para también ver esos románticos paisajes y poder gozar de la intimidad que da la oscuridad de la noche en el mirador.

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Sentí un hondo pesar cuando vi que destruían parte de una montaña para dar lugar a una nueva lotificación o un centro comercial, pensaba que era el precio que se tenía que pagar para dar paso al progreso.

Ahora tengo en mi mente la visión de dos épocas distintas de los mismos 20 kilómetros,  ambas me agradan aunque una la añoro, quisiera poder volver al momento de descubrir la belleza de ese camino pero también me agrada esta nueva visión, ambas me son necesarias porque por una, la antigua, sentí emociones de niño y ahora, la moderna me hace pensar en todo lo que he pasado en la vida, ambas visiones están en mi vivencia y se complementan la una a la otra.

 

Autor: Julio f. Altán García

Créditos: primera foto Julio F. Altán

Demás fotos de la Web

 

 

Miedo

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Los famosos demonios, la mente se llena de ellos, son realmente monstruosos porque son lo que dicen, nos dan tormento, del tormento que más aterra y destruye, nos manipulan como si fuéramos personas que no tenemos voluntad propia y nos sumergen en pantanos de los cuales cuesta mucho salir, castigan nuestra mente para terminar castigando nuestro cuerpo, se alimentan de un miedo tal que nos vuelve unos seres insignificantes.

El corazón sabe perfectamente que todo se solucionara pero insistimos tanto en querer castigarnos por esa culpa que sentimos de tantas cosas que hemos hecho o que hemos pensado, tratamos de redimirnos pero sabemos que al final de cuentas todo es cosa del pasado.

Sentimos que todos los problemas que puedan existir son los protagonistas de nuestra vida y  pensamos horrores de sufrimiento,  creemos que somos merecedores de todos los castigos habidos y por haber.  Le damos la victoria a esos demonios que creemos invencibles porque cada vez aumentan su poder.

Todo lo vemos negro, sin luz y sin colores, sin aromas y sin sentido porque nuestro amor  propio se va desvaneciendo como la luz de una vela al terminarse la cera, creemos que nunca saldremos de esa oscuridad tan terrible.

La soledad se vuelve nuestra compañera porque no queremos arrastrar a nadie con nosotros por esos oscuros caminos que nos llevan a la desesperación.

Llega el día de la batalla, el día en que no podemos faltar, cuando todo terminara, el día en que tendremos una avasallante derrota.

La batalla es terrible, es desigual, el miedo se ha alimentado tanto de nuestras fuerzas que creemos que no duraremos ni un segundo, deseamos que termine lo más pronto posible porque no importa quien gane, lo único que deseamos es que termine.

Si se gana, la luz florecerá y veremos jardines verdes y mil colores en las flores de esos jardines, sentiremos felicidad y desearemos que todo se olvide porque es como si naciéramos de nuevo.

Si se pierde, también obtendremos esa luz, esos jardines y esas flores porque el miedo, al haber vencido se retirara con su victoria y nos dejara en paz.

 

Autor:  Julio F. Altán García

Créditos: Imagen de Pixabay

 

 

 

Sabores

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Emocionado de verte

Recostada en el lecho

Inquieta y jadeante

Sudorosa y relajada

Esperando que llegue a ti

 

Siento tus cabellos en mis labios

Con un aroma a flores

Y un sabor ligeramente avinagrado

Pero agradable

 

Beso tu frente sintiendo el

Gusto salado de tu sudor

Que corre por tu rostro

Y el ocre de tu perfume

 

Siento el dulce néctar

De tus labios en los míos

Mientras nuestros gemidos

Llenan el ambiente de deseo

 

Recorro tu cuello y tu pecho

Hasta llegar a lo dulce de tus senos

Como jícaras de miel

Que trastorna mis sentidos

 

Dibujo todas las curvas

Que me llevan hasta un salado mar

Un mar que agita

Los vientos e inunda las playas

De amor

Los sabores de ti…

 

Autor:   Julio F. Altán García

Créditos: Foto de Pixabay

 

 

 

Viaje a los Cuchumatanes II

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Hace uno años realice un viaje que tenía guardado en mi mente desde mucho tiempo atrás hasta que pude realizarlo, lo hice en solitario por diversas razones, lo hice viajando en mi motocicleta sin  pensar en que transcurriría poco tiempo, relativamente hablando, para que volviera a llegar a esos parajes en esas bellas montañas del occidente de Guatemala.

Tenía aproximadamente treinta y cinco años de no ver a un compañero de mi promoción de bachillerato y por casualidad, otro amigo de esa misma promoción, logro contactarlo, nos comunicamos y establecimos un grupo por una de las redes sociales  para poder conversar aunque fuera de forma virtual.

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Se organizó una reunión en la casa del amigo que lo contacto para pasar una agradable tarde de tertulia y bebidas refrescantes para ponernos al día en todo lo referente a nuestras vidas, pero a eso de las ocho de la noche recibí por medio de mi móvil el mensaje de este amigo de que recién teníamos noticias que realizaba un recorrido de más de doscientos kilómetros para estar en nuestra pequeña fiesta.  Definitivamente esto nos alegró y también nos sorprendió por el recorrido echo.

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Al finalizar la tertulia, aproximadamente a la media noche, quedamos en que lo iríamos a visitar a su lugar de residencia, Huehuetenango, el lugar donde quedan esas bellas montañas que recorrí en mi motocicleta tiempo atrás, esto nos produjo una agradable sensación que inmediatamente se reflejó en nuestros rostros.

Por circunstancias que no viene al caso mencionar solamente tres personas realizamos el viaje, salimos de la capital en una camioneta al medio día de un viernes que esperábamos fuera cansado por el viaje.  En esta ocasión no tomamos la ruta que yo elegí en mi viaje pasado, esta vez tomamos la ruta interamericana que la consideraba más larga y menos llamativa pero fue la ruta elegida.

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Aproximadamente a las ocho de la noche fuimos llegando a la ciudad de Huehuetenango, nuestro amigo nos fue a recibir dándonos abrazos de alegría ante el encuentro, nos llevó a su hermosa casa ubicada en la parte alta de la ciudad, con una bella vista. Fuimos a conocer la localidad, algo que no hice en mi viaje anterior, y descubrimos que es una bella urbe llena de atractivos turísticos, fuimos a comer a una taquería mexicana donde degustamos una tacos muy sabrosos: al pastor, de res, de ubre, de corazón, me maciza etc.  Ya en su casa bebimos algunas cervezas para platicar en un agradable jardín bajo un cielo estrellado.  Más o menos a media noche cada quien fue a su recamara a descansar porque teníamos que levantarnos a las cuatro de la mañana porque nos llevaría hasta la frontera con México.

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Salimos aproximadamente a las cuatro y media de la mañana para recorrer alrededor de ochenta y cinco kilómetros hasta una ciudad que se llama “La Mesilla” que está directamente en la línea divisoria de ambos países, una localidad con mucho comercio donde compramos cosas que nos eran necesarias y recuerdos para llevar a casa. Luego de las compras tomamos camino para regresar por esa misma ruta hasta un turicentro llamado la Ceiba: Una enorme piscina, un excelente restaurante y muchas habitaciones porque también es un hotel. Alegremente retozamos en su piscina, caminamos por sus veredas, comimos y bebimos tranquilamente hasta que llegó la hora de regresar a media tarde, ya cansado recorrimos esos kilómetros entres montañas hasta llegar a la ciudad de Huehuetenango nuevamente, tierra de un excelente café y por este motivo nos llevó a un restaurante donde sirven y venden esta aromática bebida. Nos contaron historias de los primero pobladores de la región y de cómo el café de este lugar es catalogado como uno de los mejores del mundo.

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Domingo por la mañana nos volvimos a levantar de madrugada para ir a otros dos lugares, pero estos si los conocía porque fueron el destino de mi primer viaje, el mirador Diéguez Olaverri y la laguna Magdalena. Comenzamos nuestro recorrido mientras el sol aún no salía de su letargo, comenzamos a subir por esa inclinada carretera hasta que salimos de la ciudad, el astro rey comenzaba a brindarnos sus primeros rayos viendo que el cielo estaba completamente despejado, algo que no ocurrió en mi primer viaje y esto me lleno de emoción porque ahora vería los paisajes de una manera diferente.

Estuvimos por un buen rato en el mirador sufriendo los embates del viento que soplaba fuerte, contrario a la calma que experimente la primera vez, el rugir del viendo nos movía y se escuchaba fuerte pero sin malas intenciones, el cielo completamente limpio y en el horizonte algunos colores naranjas, clara señal de la salida del astro rey.

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Continuamos nuestro recorrido pasando a desayunar aun restaurante  muy pintoresco  llamado “Comedor Amparito” donde tomamos un delicioso chocolate y claro algunas fotografías, el cielo continuaba despejado a pesar que continuamos subiendo por las montañas y al llegar a su parte más alta la carretera se tornó  amigable, en cuanto a la pendiente se refiere porque ya no subíamos  siendo el camino llano.  Legamos a la desviación y entramos a un camino de terracería, el cual recordaba como si fuera ayer porque fue el mismo camino que seguí para llegar a la laguna “Magdalena”.  Luego de un recorrido de aproximadamente veinte kilómetros caminamos por unos quince a veinte minutos  más hasta que llegamos a la laguna, la verdad me quede extasiado al ver la limpieza del cielo y de las aguas cristalinas de la laguna, nada que ver de cuando hice mi primera visita que estuvo completamente nublada y con lluvia, pero aún así disfrute mucho ese viaje.

Ahora tengo en mi mente dos vistas de estos paisajes:

La vista de mi primer viaje me impacto porque, como menciones anteriormente, estaba completamente nublado dándome la sensación que me encontraba en algún paraje donde se filmaba alguna película de la prehistoria y que en cualquier momento saldría algún dinosaurio o algo parecido.

Y esta segunda visita era totalmente lo contrario, con un cielo totalmente azul, sin viento y sin frió.

Ambas visiones se complementan para tener un claro concepto de la belleza de la naturaleza que al igual que la vida está constituida por momentos nubosos y por otros despejados, todo se alterna en la vida para que disfrutemos el sube y baja de la emociones.

 

Autor:    Julio F. Altán G.

Créditos: fotografías por Julio F. Altán G.

 

 

 

Deseo

 

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Tan irreal como tu nombre

Tan irreal por estar grabado en mí ser

Un ser que ansía

Que te presentes

Porque en mi presente agobias

Mi mente por no estar

Solo me dejaste desde que no te conozco

Porque si te conociera sucumbiría

Ante el eterno deseo de poseerte

Porque si te poseo

Dejaría de desearte.

 

Autor:  Julio F. Altán García

Créditos: Fotografía de Pixabay

 

 

 

Malditos

Malditos

Bella la tierra en que nací

Negra la noche que se cierne sobre ella

Tras el decir que se ama

Sentir sus dolores a costa de los débiles

Arrodillados por los que dicen ser dueños

Granos que germinan sobre la tierra

Que exaltan los que no la conocen

Y  por los que la viven

No es tierra… es identidad

Espejos y soles dicen que nos dieron

Sin saber que era ignorancia

Palpables las sendas que señalarnos quieren

Un Dios que imposible vemos

Pero que dicen que escucha, y…

Ese gritar del hambre… no solo de conocimiento

También del hambre que mata

Hijos que hicieron sumisos para adorar a su dios

Hijos que debéis… no entender que pasa

Hijos que no debéis traicionar lo que somos…

Simples iracundos que gritan

Que esperan

Malditos los que no escuchan

Y se revuelcan en sus heces

Y maldicen su tierra

No con palabra sino con hechos

Malditos…

Autor: Julio F. Altán García

Créditos: fotos de la Web

 

 

 

El accidente

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Como a la una de la tarde de ese viernes recibí una llamada de uno de los amigos con quienes salía a pasear frecuentemente, me invitaba para ir a desayunar a un restaurante que queda sobre la carretera de la costa, como a unos ochenta kilómetros, nos reuniríamos a las siete de la mañana del domingo.  Con gusto y alegría respondí afirmativamente a esa invitación.

El sábado al medio día me junte con otro grupo de amigos para pasar una tarde alegre entre comidas y cervezas que se alargó bastante, a eso de las once de la noche llegue a casa con una cantidad de cerveza en el cuerpo que hizo que me durmiera pronto.

Al despertar  me di cuenta que ya era tarde, me levante apresuradamente pero me detuvo un golpe seco en la cabeza, vi todo negro y caí sentado en la cama, mis ojos estaban nublados mientras la cabeza me daba vueltas como si estuviera en algún juego mecánico, me quede sentado por un par de minutos  mientras lograba aterrizar por completo, comencé a recordar lo ocurrido la noche anterior dibujando varias risas en mi rostro producto de esos recuerdos sin embargo no recordaba la cita que tenía para ir a desayunar, caí tumbado en la cama para comenzar a disfrutar una cruda que pensaba,  costaría curármela, unos cuantos minutos pasaron para que de un solo brinco me pusiera mi bata para ir a la ducha y vestirme lo más pronto posible para encaminarme al punto de reunión para el paseo dominical.

Baje de mi habitación pero no encontré mi equipo de protección, es decir: el casco, los guantes, la chaqueta de piel, ni los lentes, recordé que se quedaron donde estuve en la juerga de la noche anterior. No vi ningún problema en esto porque la invitación era a desayunar y esto por regla sucede por la mañana pensando que al medio día, a más tardar, ya estaría de regreso para curarme la cruda de mejor forma. No me imaginaba nada de lo que sucedería en esta rodada.

Es cierto que llegue tarde, pero los amigos me esperaron y luego de los saludos partimos hacia el sur, hacia la costa en alegre viaje, como tantos que hemos hecho en igualdad de condiciones. Llegamos casi a la nueve al restaurante y comimos de lo más delicioso, algunos se tomaron una cerveza pero la verdad, a pesar que estaba sufriendo el embate del malestar no quise tomarla porque lo sentí de mal gusto, tanto por el lugar como por la hora aunque debo de decir que ganas no me faltaron. Pasamos un alegre momento entre risas, fotografías, anécdotas y chistes que siempre son el aliciente de los viajes, todo marchaba según lo planeado, la hora era la que había estimado para el regreso pero a alguien se le ocurrió pasar a una tienda de conveniencia que estaba a pocos kilómetros, algunos cargaron combustible y otros nos sentamos en las mesas que estaban a la sombra, vi mi reloj y note que faltaba una hora para que llegara la hora de la vergüenza, después de eso me tomaría la primer cerveza, pero actué impulsivamente porque entre a la tienda y pedí un seis de cerveza, algunos aceptaron y otros no, la tome y sentí la gloria cuando ese refrescante brebaje paso por mi garganta hasta llegar a mi estómago, la sentí tan bien que me tome otra de unos cuantos tragos.

Estando en el desayuno se planeó ir a almorzar a otro restaurante que estaba en dirección a la playa, a unos cuarenta minutos tal vez de donde nos encontrábamos, no objete nada y continuamos, pero al llegar el lugar estaba cerrado porque estaba ocupado por otro grupo de motoristas decidiendo entonces ir a un restaurante que estaba a la orilla de la playa.

Al llegar al puerto nos estacionamos en una gasolinera, ya era el medio día, tomamos otro par de cervezas y partimos hacia la playa.  Legamos y nos atendieron de lo mejor, almorzamos muy bien con más cervezas para contrarrestar ese calor que fundía el metal. Salimos de la playa a eso de las cuatro de la tarde ya un poco mareados decidiendo el regreso. Hicimos una par de paradas más antes de llegar a la autopista que nos conduciría a la capital, en estas paradas definitivamente continuamos tomando cerveza.

Recorrimos la autopista por unos 20 minutos para parar en el puesto de peaje, pagamos el paso por la carretera y rodamos unos cuantos metros hasta una tienda de conveniencia ubicadas en el lugar, bajamos y alguien entro a la tienda para comprar bastantes latas de lúpulo para todos, nos sentamos en las gradas para continuar con el coloquio riéndonos a carcajadas de todo lo que se nos ocurría.  Alguien compraba cerveza y luego otro hasta que ya bastante nublado por tanta vi mi reloj que las seis de la tarde se estaban aproximando, aún estaba cuerdo porque recuerdo que pensé que luego de tanto beber ya era hora de ir a casa, el cielo se estaba nublando y eso no era buena señal, era señal de que se aproximada una tormenta.

Casi estaba por despedirme cuando vimos que una moto se estaciono, bajaron sus tripulantes, saludamos a toda una leyenda del motorismo que llegaba de un largo viaje desde el sur de México, se veían cansados, automáticamente entre a la tienda y compre más bebida espumosa para festejar a los recién llegados, esas creo que fueron las que terminaron de nublar mi mente porque luego de eso mis recuerdos casi desaparecieron, volvieron hasta momentos antes del percance.

Vi el reloj, vi que eran las ocho de la noche e  hice una llamada a un amigo porque creo que para ese momento ya intuía lo que sucedería, recuerdo que le decía que estaba ebrio y que estábamos listos para la partida y que si algo me llegara a suceder le encargaba que contara mi historia. Claro que este amigo me siguió la corriente porque sabía perfectamente que a alguien ebrio no hay que contradecirlo porque se volatiza su carácter.

Una fuerte tormenta comenzó.  A pesar que estaba borracho me preocupe porque no contaba con mis implementos de protección, entre a la tienda y compre unos lentes, de esos baratos que por cierto no eran transparentes para poder manejar de noche, eran nublados e impedían una buena visión sobre la carretera, llevaba mi impermeable, me lo puse y a las nueve con treinta minutos salimos de la tienda, nos quedaban aproximadamente cuarenta kilómetros para llegar a la capital.

Antes de comenzar a rodar todos nos despedimos, nos dimos un fuerte apretón de manos y un fraternal abrazo, como tantas veces lo habíamos hecho.

Mientras rodamos fui tomando confianza, la mente se me comenzó a despejar, creo que lo fresco de la lluvia y el viento contribuyeron a una tranquila manejada, si bien es cierto los lentes me protegían los ojos también es cierto que no me dejaban ver claramente, poco a poco nos fuimos acercando a la capital mientras que veía que cada vez éramos menos los que continuaban en el viaje, todos cruzaban donde más les convenía para llegar a sus hogares. Ya entrando de lleno a la ciudad solo veía una motocicleta de tras de mí, el tráfico era intenso a pesar de la hora, la carretera la estaban recapeando dejando un carril de la cinta asfáltica más elevado que el otro por unos diez o quince centímetros, estaba consciente de esto porque había pasado varias veces por ese lugar antes de ese viaje, sin embargo por los lentes que llevaba no me percate que cambie de carril porque la carretera no estaba señalizada, sentí brusco el cambio de nivel y creo que por los efectos de la cerveza me asuste y cuando intente recuperar el control de mi moto salí disparo por los aires y la moto se fue arrastrando.

Todo transcurrió en cámara lenta, tan lenta que no perdí detalle de lo que sucedía y pensaba. Cuando solté el timón, porque eso es lo que hay que hacer en esos casos, vi perfectamente cuando el asfalto y la moto se alejaban de mí, luego el asfalto se acercaba porque iba cayendo detrás de la moto que se arrastraba y echaba chispas, caí en el suelo pero no sentí ningún dolor, vi de cerca las divisiones de la carretera que son de concreto, recordé que no llevaba el casco de protección, por puro reflejo puse las manos sobre el camino cuando lo toque dejando descubierta la cara, solo sentí un estrujón que juntó todo mi esqueleto y músculos, creí que mi cabeza toparía contra el concreto de la división y se destrozaría, mi cuerpo comenzó a girar, vi hacia arriba y vi lo nublado del cielo y las gotas de agua que caían de una tormenta que estaba terminando, es como si amainara a propósito para dar tiempo a que el accidente terminara, volví a ver como mi motocicleta continuaba resbalando echando chispas.  Una vuelta más, luego otra y otra y no sé cuantas más di, lo terrible era pensar en mi vehículo que quedaría como chatarra, en una de esas vueltas vi como el motorista que venía a tras de mi estaba parado donde comencé a derrapar, no entendía que hacía en ese lugar, di un par de vueltas más hasta detenerme y sin entender cómo el motorista que me acompañaba me tomo del brazo casi instantáneamente ayudándome a incorporarme, me quede parado tratando de descifrar lo que me decía, solamente vi que su motocicleta estaba cruzada en el camino a una distancia de… no sabría decir que distancia y con las manos indicaba a los vehículos que se aproximaban que condujeran despacio, realmente pensé que algún automóvil o un camión me pasarían encima  acabando con mi vida.

Estando de pie y tratando de ayudarme mi amigo motorista pregunto por mi estado, le dije que me sentía bien mientras se escuchaban las bocinas de los carros que pasaban cerca, algunos maltratándonos y otros tan solo nos venían con una cara de lastima.

Logramos  parar la motocicleta y con mucho esfuerzo logramos atravesar la carretera para llevarla a resguardo, luego regresamos por la de mi amigo porque por unos momentos se quedó sola, atravesada y con muchas posibilidades que algún vehículo la chocara.  Ya estando las dos motos a resguardo a un lado de la carretera comenzó a revisarme pero no había ninguna luz para ver bien, mi rostro lo sentía desfigurado y todo el cuerpo me temblaba, seguramente el shock del accidente. El motorista que estaba con migo me invito a gritar si lo deseaba para que todo esa mala energía saliera de mí, así lo hice sintiendo que dejaba escapar algo que me oprimía,  me pregunto si podría conducirla para irnos rápidamente y evitar problemas con la justicia, intentamos llamar a alguien para que llegara a ayudarnos pero no lo logramos, su teléfono sin carga y el mío, por lo que veía, estaba destruido, la motocicleta arranco sin ningún problema, conduje sin ningún temor, tranquilamente.

Ese ángel del camino a quien era primera vez que veía en uno de nuestros colazos me acompaño hasta mi casa, al llegar nos despedimos con un fuerte abrazo, fue allí donde me dijo que por eso los motoristas siempre que se despiden lo hacen con un fuerte abrazo porque no se saben si se volverán a ver, esa noche lo comprendí.

Eran como las diez con treinta minutos, recibí varios mensajes de personas a quienes mi salvador comunico lo sucedido, la borrachera había desaparecido totalmente producto de esa gran descarga de adrenalina, subí a mi habitación porque quería ver que daños había sufrido mi cuerpo porque estaba consciente que en el instante no se sienten las heridas pero con forme transcurre el tiempo estas no solo van apareciendo sino que comienzan el dolor. No lo logre porque me quede profundamente dormido.

Al día siguiente no solamente tenía goma física, también tenía una gran goma moral porque lo sucedido el día anterior nunca debió de haber ocurrido, no me refiero al paseo, me refiero a lo estúpido de haberme emborrachado de tal manera al conducir una motocicleta por carretera, baje a darme una ducha y poder oscultarme cuidadosamente viendo que increíblemente solo tenía un leve, pero muy leve raspón en la rodilla, nada más.

Al bajar a inspeccionar la motocicleta vi que tampoco tenía nada… nada, salvo por unas raspaduras que tenía en el escape que fue por donde derrapo echando chispas, nada de cuidado.

Aun temeroso me fui a mi trabajo, continuaba recibiendo llamadas preguntando por mi estado y a un par de amigos les pregunte si tenían el número de teléfono del motorista que me literalmente me salvo. Lo llame. Le di las gracias y me contó que al salir volando de la moto rodé por aproximadamente 50 metros dando muchas muchas vueltas sobre el asfalto pero en ningún momento la dirección de mi cuerpo cambio, esto fue determinante para que no golpeara contra la división de la carretera, hablaba con cierta excitación diciéndome constantemente que no entendía que había pasado, que no entendía porque seguía con vida, literalmente y con voz temblorosa me dijo: sin casco, sin guantes, sin botas, sin chaqueta y borracho… no sé… alguien allá arriba te quiere mucho porque vos… vos, deberías de estar  muerto.

 

Autor: Julio F. Altán García

Créditos: fotografía, Julio F. Altán García

 

 

 

 

 

 

Erhco Park

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Toda la semana estuvo lloviendo, toda la semana estuvo obscura porque las nubes grises ocultaban al astro rey, el sol, toda la semana estuvo el clima húmedo y diría que hasta un poco sombrío, las lluvias provocaron, desde su inicio, inundaciones, muertes, destrozos en muchas viviendas teniéndonos a todos en suspenso, la humedad provocó que muchos niños y adultos mayores padecieran de enfermedades del tracto respiratorio teniendo que acudir al médico, el agua saturo los suelos y el viento frío corría por las tardes en que no hizo tormenta, pero dentro de todas esas circunstancias aparecía de vez en cuando el sol, y eso hizo que mi ansiedad por momentos desapareciera ¿Ansiedad?,  ¡Si! ¡Ansiedad! Esta tonta ansiedad que hace que todos nos enfermemos, que nos provoque estrés, esa desesperación que parece decirnos: no harás lo que tienes planeado, no iras a donde quieres ir, no estarás donde quieres estar.

¡NO! ¡No! y más no, todos esos «no» llegaron a desesperarme, porque estaban cumpliendo con su tarea ¿Qué tarea? La de estropear mis planes, la de estropear mi diversión, la de enfermar mi mente, pero sabía que eso estaba mal y debía de luchar… no, de luchar no, debía de permitir que todo lo que tuviera que pasar, que pasase, así que comencé a actuar positivamente. Pensé: si el día que tengo planeado mi viaje llueve, que llueva, aun así disfrutare de ese día, disfrutare de la lluvia, me pondré mi impermeable y saldré a cumplir con mis planes.  Si hay derrumbes, bueno, que los haya, espero que no provoque ningún estrago y si los hay y estoy cerca me detendré y ayudare en lo que pueda. ¿Y si hace frío? Pues viajare bien abrigado para que no sea esto un impedimento para mi diversión, haré lo que tenga que hacer y aceptare las condiciones que se presenten ese día y para nada interrumpirá mis planes.

Esto no es pelear contra las circunstancias, todo lo contrario, es aceptarlas como vienen y dejarse fluir por entre ellas para cumplir nuestros deseos, pues, nunca están en contra de nosotros, sino tal vez, solo tal vez, nos marquen el camino que debemos seguir sin interrumpir nuestro que hacer.

El día viernes me comunique con Sebastián, con Edmundo y con Rómulo y durante las conversaciones hablamos de lo mismo: ¿Cómo ira a estar el clima el domingo?  Pensamos de forma similar pues dijimos que no importaría como estuviera el clima, de todas formas haríamos el viaje, quedando de juntarnos el domingo a las 7 de la mañana en el lugar designado.

El sábado me levante temprano para revisar la motocicleta y limpiarla un poco porque estaba sucia debido a las lluvias que pareciera que estaban por terminar porque unos tenues rayos de sol aparecieron como por arte de magia. Tome las herramientas y tense la cadena de tracción, apreté algunos tornillos que estaban flojos,  revise los frenos, lubrique los cables.  No es que fuera a hacer un viaje largo, sería de unos 100 kilómetros de ida y otro tanto de regreso, pero la maquina siempre debe de estar en buenas condiciones, no solo por estética sino por seguridad.

El domingo por la mañana tome una ligera ducha, tan solo una tasa de buen café y me puse lo necesario para un viaje seguro y salí de casa para dirigirme a la casa de Sebastián de donde saldríamos cuatro motocicletas para el lugar de reunión que seria en una venta de hamburguesas que queda a unos cuantos minutos, todos contentos encendimos nuestras naves y partimos.

Llegamos a la venta de hamburguesas y luego de unos minutos llego David con su esposa, también llego Ignacio.  Partimos del lugar rumbo a una gasolinera pues era necesario llenar nuestros tanques y en esa gasolinera esperaríamos a Pablo que también llegaría acompañado de su esposa, siete motos y nueve personas comenzamos nuestra aventura a Erhco Park.

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Tomamos la carretera hacia El Salvador, comenzamos a subir por esas sinuosas curvas para vencer la primer montaña del camino, poco trafico por ser domingo y eso era bueno, Rómulo y Edmundo eran novatos en esto de la manejada así que estuvo bien que aprovechan a salir con nosotros que, en mi caso ya llevo dos años montando la motocicleta,  los otros amigos llevan mas tiempo asi que si algún desperfecto ocurría en el camino de alguna forma podremos auxiliarlos y algo muy importante es que no se sintieran solos porque esto a veces puede ser mas perjudicial que cualquier otra cosa. Todos íbamos manejando sobre la cinta asfáltica rebasando unos a otros, soltando el timón, elevando y extendiendo los brazos a la altura de los hombros, fue algo genial porque daba la sensación de ir volando, conducimos en zigzag a lo ancho de la carretera, le fuimos dando rienda suelta a nuestra imaginación, manejamos parados y asi continuamos realizando el zigzag, vimos el verde de las montañas, vimos de cerca los profundos barrancos, pasamos por los pasos a desnivel de San Jose Pínula, Pavón y el de Fraijanes, comenzamos a ver menos casas y más barrancos hasta que llegamos al cruce que conduce a Santa Elena Barillas donde se encuentra una gasolinera, entramos y nos parqueamos en la tienda de conveniencia, entramos a la tienda a tomar un tonificante café y comenzar a tomar fotografías para que nos queden de recuerdo, nos colocamos enfrente de las motos y el click de las cámaras captaron las primeras imágenes.

Se encendieron las máquinas y continuamos el camino pero no para Santa Elena Barillas sino seguimos la carretera hacia el Salvador, los kilómetros se fueron quedando atrás pero lo interesante serían los kilómetros que teníamos por delante asi que entrando en caravana llegamos a Barberena, poco a poco la velocidad fue lenta hasta casi detenernos, el grupo no llego compacto, unos adelante y otros a tras pero acá nos volvimos a juntar, el motivo de esto fue porque que al pasar por esa población él trafico era muy denso debido a todas las ventas de comida que hay a ambos lados del camino, todos los autobuses hacen parada en este lugar para que bajen o suban los pasajeros, se quedan detenidos algunos minutos esperando pasaje y todo esto hizo que fuera difícil el paso por la carretera que atraviesa el poblado, logramos pasar y continuamos nuestro camino hasta llegar a un lugar cercano a Cuilapa donde hay un entronque, uno de los camino conduce al puente de los esclavos que según cuenta la leyenda fue hecho por esclavos que el diablo tenia en su poder y el otro conduce a Chiquimulilla, siendo este el camino que tomamos, nos detuvimos por unos minutos para que las siete notos nos volviéramos a compactar y asi evitar que alguien siguiera el camino equivocado.

Al cabo de un pequeño lapso de tiempo, luego de que todos nos encontrábamos allí comenzamos nuevamente la cabalgadura por un camino nuevo para mí, todo era verde y para arriba ya que es una montaña la que subimos, nuevamente barrancos a un lado y paredes de cubierta vegetal al otro, el camino era muy pintoresco, en la subida pusimos alguna distancia entre cada uno de nosotros para poder apreciar mejor el paisaje, poco a poco los kilómetros fueron devorados acercándonos a nuestro destino, vimos varios derrumbes de poca magnitud y también vimos a varias cuadrillas de hombres trabajando en ellos para dejar completamente despejada la carretera, vi que los punteros fueron bajando su velocidad hasta que les di alcance, vi que señalaban a la izquierda, la clásica señal para cruzar.

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Por fin llegamos a nuestro destino luego de haber recorrido esos 100 kilómetros.

Una pequeña vereda de tierra nos llevo hasta donde se encontraba la persona del parque que nos atendió, dejamos nuestras motos debajo de un toldo donde… como si supieran cuantos llegaríamos todas las motos quedaron perfectamente estacionadas a resguardo del sol y de la lluvia, el calor se hacia sentir asi que nos quitamos las chaquetas, mascaras, bandanas y guantes procediendo a guardarlos en las alforjas de nuestras motos, estuvimos unos minutos conversando sobre el camino, estiramos las piernas y ya que estuvimos listos nos acercamos hasta la persona del parque quien nos ofreció unos panfletos del lugar.

Nuestro transporte llego, un camioneta donde en la palangana colocaron unos improvisados asientos de madera y cubierto por una lona plástica, no solo nosotros viajábamos en él, otras cuatro personas nos acompañarían en este recorrido, luego de unos 15 minutos de viaje por un sendero bastante empinado donde el vehículo bailaba, no, no bailaba, era un movimiento oscilatorio hacia ambos lados del vehículo, fuerte, tan fuerte que por momentos pensamos que daría vuelta, pero nada que temer, todo estaba bien calculado porque esto era parte de la aventura.

Llegamos hasta una estructura de madera, vimos un montón de flechas que indican hacia donde llegaría uno si sigue tal o cual vereda, pero lo más importante es que no había nada que nos conectara con una ciudad, todos los caminos de tierra con ese agradable aroma a tierra mojada, pasamos por unos pequeños puentes que pasan por encima de piscinas, pero piscinas hechas naturalmente sin azulejos ni barandas metálicas, nada de eso, puentes y barandas hechas de madera de ramas de los arboles aledaños y en las piscinas están los peces que cultivan: Las tilapias, increíble hay unas enormes, otras medianas y por supuesto las pequeñas, varias piscinas  de estas tuvimos que pasar hasta llegar a una edificación, siempre de madera, que parecía ser el comedor y de hecho eso era, pero acá vendríamos después.

Una persona del parque nos dio un pequeño «tour» por todas las cabañas, nos llevo a un lugar a la par del comedor donde hay bastantes hamacas para poder echarse un sueñito luego de una excelente comida o de un largo paseo por el parque, pasamos por mas piscinas y llegamos a una enorme que nuestro guía nos dijo que esta era para que el que quisiera pudiera darse un chapuzón, me gusto mucho esta piscina, era como si entráramos en el río de donde nace el agua, era una piscina que fue hecha con materiales naturales, nada que ver con la piscina de algún centro turístico.

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Seguimos caminando y llegamos a un pequeño zoológico donde hay algunos animales, vimos a un mono capuchino cuyo nombre no dejo de sorprenderme:  “Martín”, así es, Martín era el nombre de ese mono que nos divirtió con todas sus acrobacias y toda la bulla que hizo y en un recinto a la par se encontraba nada mas y nada menos que Chayane, que es el nombre de un mono araña que también se encontraba haciendo malabares para llamar nuestra atención, nuestro guía llevaba una cubeta con alimento para estos animales y así incentivarlos para que continuaran con su atracción, también vimos un par micoleones que estaban en otro recinto pero que definitivamente olfatearon las frutas que nuestro guía llevaba ya que estaban dentro de…..no sé cómo llamarlo, bueno diré dentro de sus habitaciones y al sentir ese irresistible aroma salieron de su descanso mañanero, a pocos pasos de nosotros se encontraba un cabro, en otros recintos vimos a un par de tepezcuintles que también salian de su dormitorio y cuando los vimos se nos hizo agua la boca pues su carne es riquisima pero definitivamente nos quedariamos con las ganas ya que estos animalitos están en peligro de extinción precisamente por lo sabroso de su carne, pero en ese momento Pablo llamo mi atención: ¡Julián! ¡Allí esta tu andasolo! Voltee haber al siguiente recinto y cabal, alli estaba un pizote, pero no era del tamaño que esperaba ver pero asi debía de ser pues se trataba de una hembra que inquieta comenzó con sus jugarretas para poder también obtener parte de esa cubeta llena de frutas y verduras.   Pasados unos momentos continuamos caminando y llegamos hasta el comedor, ya era más de media mañana y no habíamos comido nada, llegamos y lo primero fue tomar bebidas porque el calor era intenso,  todos pedimos tilapia, unos en filete y otros cocinadas al vapor envueltas en hojas de Santamaria, esto no lo sabia pero cuando vi la tilapia cocinada de esta manera me arrepentí de pedir el filete pero ni modo será para la próxima.

Tome muchas fotos de todo el grupo, pedí que me tomaran fotos para poder envanecerme ante todos mis amigos de la red y fuera de ella.

Chistes, muchos chistes se contaron durante el almuerzo, luego el administrador de la finca puso varios videos sobre educación ambiental los cuales vimos con mucha atención, también nos contó que cuando recibieron la finca estaba muy deforestada pero han logrado recuperar mucha de la cubierta boscosa y más importante aun que han logrado aumentar el caudal del rió a través de un correcto manejo, mi pecho se hincho no solo para respirar ese aire puro sino de orgullo al saber que muchas personas tienen estos ideales y logran hacerlos sostenibles para las futuras generaciones.  La comida estuvo muy bien, deliciosa, esa tilapia estuvo riquisima, y nuestras bebidas las tomamos en unos enormes vasos de bambú, tan excelentes que termine comprando un par para llevarlos a casa.

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Terminado el almuerzo varios se fueron a las hamacas a dormitar un rato mientras Sebastián, Edmundo, Ignacio y yo decidimos dar una caminata por la finca, el administrador llamo a un muchacho que estaba haciendo sus labores campiranas para que nos guiara por la región, comenzamos a caminar, pasamos por unos ranchos que sirven de cabañas para pasar la noche ya que también hay un hotel y por supuesto un lugar donde poder acampar, algo que espero hagamos pronto. La camita continuo, el terreno comenzó a ponerse bravo o sea inclinado, el sudor comenzó a manifestarse, la bóveda verde dejaba entrar pocos rayos de sol y comenzamos a pasar por muchos lugares donde corría un río, se escuchaban ruidos de insectos y aves propios de regiones boscosas pero a pesar que íbamos sudando se sentía un viento frío indicándonos el guía que a pesar que estábamos en una región cálida, la altura de la montaña hace que el ambiente se refresque bastante, la caminata continuo, más arroyos aparecieron ante nosotros y mas piscinas  sembradas de tilapias, iba sudando más que un caballo que recién termina una carrera, mis pasos eran pesados, mis piernas comenzaron a cruzarse en cada paso pero no deje de caminar para no parecer un inútil pero seguro mis demás compañeros de caminata sentían lo mismo porque escuchaba sus jadeantes respiraciones. El único que iba bien era nuestro guía, claro él estaba acostumbrado a estas saludables caminatas, llegamos a un lugar que le llaman el mirador, seguro será porque desde allí la vista era increíble, a lo lejos se veía un pueblo y más cerca se veían otras montañas de menor tamaño, de un verde que incita a no regresar a la capital, a quedarnos por mas tiempo, de acampar, de ver el amanecer en esta montaña verde.

“El de las plumas verdes, verdes, verdes… el de las torres altas, altas, altas… El del turuntun tun, tun, tun…”, cada vez fui comprendiendo más el poema de Miguel Angel Asturias, nuestro premio Nobel de literatura y lennin de la paz, cada vez me sentía mas engullido de esas palabras al referirse a lo verde des nuestro país, a lo alto de nuestras montañas y pirámides mayas.

La caminata de regreso fue más liviana pero más peligrosa porque íbamos en pura bajada, pasamos entre los arroyos debiendo tener cuidado de un resbalón, pues, sufrir una caída no será nada aconsejable, mucho menos saludable, de pronto vimos a lo lejos un letrero, ¿Un letrero en esta inmensidad verde?,  apresure el paso y llegue hasta donde estaba un inmenso árbol, pero cuando digo inmenso, la palabra se queda corta, realmente era inmenso y cuando llegue al letrero leí: «CONACASTE.  ANTIGÜEDAD: 450 AÑOS»  ¡Imagínense! un conacaste de 450 años, y de pensar que este histórico árbol seria leña si no es porque algunos buenos paisanos deciden conservar esta montaña en su estado más virgen posible, nuestro acompañante nos contó que más adelante, pero que no pasaremos por ahí, se encontraba otro árbol viejo, una ceiba de 600 años de edad, y yo creyéndome viejo, viejos los arboles y dan buena sombra.  Seguimos caminando y vimos un caballo en la ruta, estaba ensillado esperando a algún vaquero, que me subí a él y pedí, para variar, que me tomaran más fotos, baje de «Relámpago» que así se llamaba este hermoso caballo para continuar nuestra caminata, pronto llegamos al lugar donde iniciamos esa excursión: el comedor.  Ya se encontraban los demás del grupo sentados en medio de un pequeño puente sobre un arrollo, esperándonos para comenzar la retirada y montarnos en nuestras cabalgaduras metálicas.

¡Déjennos descansar un poco! Fue mi suplica y afortunadamente accedieron, continuaron contando chistes mientras nuestra respiración regresaba a la normalidad asi que nos despedimos del administrador diciéndole que muy pronto regresaríamos pero que se preparara porque queríamos pasar la noche en esa montaña, que deseamos acampar, que vendríamos mas preparados para tal suceso y que comeríamos tilapia asada en una fogata, llevaríamos guitarra para que Danilo nos deleitara con sus canciones.

Le dimos la mano a quien fue a despedirnos alegremente de las faldas del volcán «Tecuanburro» regresaríamos a nuestras casas llenos de energía, de una energía que solo la naturaleza puede dar, comenzamos a rodar nuestras maquinas en dirección de nuestro destino, la capital, 100 kilómetros nos esperaban y un bello camino siempre verde.

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Autor: Julio F. Altán García

Créditos: Julio F. Altán García

 

 

Experiencia

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14, 15, 16 años, y esa música (black sabbat, led zeppelin, grand funk, ten years afeter…) sonaba en mi cabeza y la sentía en mi corazón porque comenzaba a descubrir cosas, descubrir la vida en su mejor época. Si! en su mejor época porque la vida fue la que me descubrió… no yo a ella. Sus emociones, no las mías… porque es la vida la que se manifiesta, no yo. Descubrir que uno es el que manda, no la vida, sin saber que es al revés, enamorarse y llevar la primer decepción.
Me pincharon mi bici, me sacaron sangre de la nariz, me castigaron por cosas que no hice y pocas por las que hice hasta que entendí.
Conocí mujeres mayores que yo y que deseaban estar en mis experiencias, también menores y también de mi edad.
Esculpiendo mi cuerpo como si fuera el mejor, aprendiendo a pelear con cualquiera como cualquier rebelde y comprender que en grupo si se puede pero es solo como debe de ser.
Dibujando en papel ingres el claroscuro de mi insipiente vida sin saber que eso era tan solo el reflejo de lo que me esperaba.
Mi primera vez… eso es… Mi primera vez en todo… porque la segunda ya no cuenta. La segunda ya es experiencia, y esa, dicen que se acumula…

Autor: Julio F. Altán García

Créditos: Fotos de la Web